Carlos Rodríguez Mayo
La próxima huelga de alumnos, convocada conjuntamente por el Sindicato de Estudiantes y por la CEAPA, "Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres", supone un paso más en la irracionalidad en la que se mueve la política de nuestro país. Durante años hemos asistido a convocatorias múltiples del Sindicato de Estudiantes, en las que uno o dos alumnos universitarios del S.E. paraban toda la enseñanza media con sólo conseguir la publicación de la noticia en el periódico. Y es que los alumnos de enseñanza media interpretaban e interpretan la convocatoria como un día libre, en tanto que los padres y tutores no asumían ni asumen la responsabilidad de la asistencia o inasistencia de sus hijos.
Para mayor irracionalidad, este año se suma una asociación de padres a la ceremonia de la confusión, la CEAPA. Su propuesta es una falta de respeto a toda la enseñanza pública. Aquellos que deberían valorar el trabajo que se hace con sus hijos son los que promueven la inasistencia y la disfrazan de huelga contra los recortes. Ellos saben que el éxito de su convocatoria está garantizado y no les importa manipular a los menores de edad ni interrumpir este servicio educativo tan importante para el país. Pues bien, si tan importante es, ¿por qué lo interrumpen?
El asunto tiene tan poca lógica como si una asociación de usuarios de autobús o de tren, programase una huelga de uso de ambos. Con ello sólo se consiguiría potenciar fuentes de transporte alternativas. ¿Qué fuentes de servicio alternativas hay a la enseñanza pública?
Pues eso, para eso también sirven las huelgas de la CEAPA y del Sindicato de Estudiantes.




