Carlos Rodríguez Mayo
En el telediario de ayer domingo, asistimos a una manifestación verde en Baleares que mancha los rasgos de la movilización de la enseñanza pública contra los recortes del gobierno porque mezcla en la ensalada de sus reivindicaciones la protección de los intereses de la mesocracia local catalanista en los centros de enseñanza de las islas. Según los convocantes de la huelga indefinida lo que se pretende es cambiar el decreto del “trilingüismo” del gobierno autónomo popular, lo que en otras palabras quiere decir que se intenta conservar el estatus actual, conseguido a través de las prebendas obtenidas durante los gobiernos de la izquierda a costa del derecho al uso de la lengua castellana como lengua vehicular en sus territorios, y oponerse también a la fórmula de promoción del uso del inglés, argumentando que el profesorado no está preparado para impartir clases en la lengua anglosajona o que para los alumnos es muy difícil aprender en un idioma que no dominan, es decir, abundando en los mismos argumentos que durante años he expresado yo en este blog sin recibir nunca su apoyo.
Bienvenido sea, por lo tanto, el giro de la izquierda y de los sindicatos para situarse ahora en contra de un bilingüismo que hasta ayer apoyaban por obra u omisión, aunque espero también que su crítica sea más visceral y consecuente cuando el bilingüismo-trilingüismo discrimine a los alumnos (cosa que no sucede en el trilingüismo insular, que es para todos, y sí en nuestro mal bilingüismo peninsular, contra el que sigo argumentando, que es optativo).
Para terminar quisiera dejar claro que, en adelante, el color verde contra los recortes es también el de los catalanistas y demás nacionalistas que siguen aplicando, con el respaldo de los sindicatos de izquierda y con un enorme fondo de huelga de más de 100.000 euros, la fórmula insolidaria de que “lo mío es mío (mi plaza en catalán) y lo de los demás (en castellano) a medias”.
