lunes, 30 de septiembre de 2013

Un incendio en la puerta del instituto

Daniel Ivars Saiz
El día 27 de septiembre, al comienzo del primer recreo, sobre las 10:10, vimos desde la ventana que una gran cantidad de alumnos del Ría del Carmen salían corriendo hacia la puerta. ¿La razón? Uno de los contenedores estaba ardiendo. Las llamas alcanzaron una altura aproximada de 3 metros. Por suerte los bomberos no tardaron mucho en apagar el incendio con lo que no se causaron daños a los coches ni a los otros contenedores. Tampoco hubo daños para los alumnos del "Valle de Camargo", que tienen libertad para salir durante los recreos y que estaban muy cerca cuando todo ocurrió. 
Por el momento, no conocemos ni el nombre del autor ni las verdaderas causas del incidente, pero hay razones para pensar que el fuego ha sido intencionado, pues un cubo de ese tamaño necesita mucho más que un cigarro mal apagado para provocar un incendio de ese nivel con tanta rapidez. 
Hoy lunes, cuando ya está todo apagado me asaltan algunas preguntas: Primero: ¿Qué impulsó al supuesto autor, en el caso de que lo hubiera, a hacer semejante gamberrada? Segundo: ¿Tuvo algo que ver el horario? ¿Por qué se produjo justo en el momento en el que los alumnos del Valle y del Ría coincidíamos en el recreo? 
Sea quién sea el autor y sus razones, lo único que para mi debe quedar claro es que no se pueden admitir actos como éste.

De qué se mancha el color verde de la huelga

Carlos Rodríguez Mayo
En el telediario de ayer domingo, asistimos a una manifestación verde en Baleares que mancha los rasgos de la movilización de la enseñanza pública contra los recortes del gobierno porque mezcla en la ensalada de sus reivindicaciones la protección de los intereses de la mesocracia local catalanista en los centros de enseñanza de las islas. Según los convocantes de la huelga indefinida lo que se pretende es cambiar el decreto del “trilingüismo” del gobierno autónomo popular, lo que en otras palabras quiere decir que se intenta conservar el estatus actual, conseguido a través de las prebendas obtenidas durante los gobiernos de la izquierda a costa del derecho al uso de la lengua castellana como lengua vehicular en sus territorios, y oponerse también a la fórmula de promoción del uso del inglés, argumentando que el profesorado no está preparado para impartir clases en la lengua anglosajona o que para los alumnos es muy difícil aprender en un idioma que no dominan, es decir, abundando en los mismos argumentos que durante años he expresado yo en este blog sin recibir nunca su apoyo.
Bienvenido sea, por lo tanto, el giro de la izquierda y de los sindicatos para situarse ahora en contra de un bilingüismo que hasta ayer apoyaban por obra u omisión, aunque espero también que su crítica sea más visceral y consecuente cuando el bilingüismo-trilingüismo discrimine a los alumnos (cosa que no sucede en el trilingüismo insular, que es para todos, y sí en nuestro mal bilingüismo peninsular, contra el que sigo argumentando, que es optativo).
Para terminar quisiera dejar claro que, en adelante, el color verde contra los recortes es también el de los catalanistas y demás nacionalistas que siguen aplicando, con el respaldo de los sindicatos de izquierda y con un enorme fondo de huelga de más de 100.000 euros, la fórmula insolidaria de que “lo mío es mío (mi plaza en catalán) y lo de los demás (en castellano) a medias”.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Por un apoyo al aprendizaje de lenguas extranjeras que no discrimine

Carlos Rodríguez Mayo
¿Existe una posible enseñanza de calidad de inglés o francés que no discrimine? Claro, evidentemente. Si lo que se quiere es enseñar estas lenguas, lo mejor es utilizar profesores de inglés o de francés (no profesores de geografía o de matemáticas). 
Son los profesores de inglés y de francés los que han demostrado su mérito y capacidad con la titulación especializada para enseñar su materia o con sus difíciles oposiciones. Por lo tanto, si se quiere mejorar el conocimiento de los españolitos en idioma extranjero, la directa es aumentar el horario de inglés y de francés, bien con carácter obligatorio o bien con carácter optativo. El asunto es así de sencillo. No hacen falta grandes líos organizativos, no hace falta estropear el aprendizaje de asignaturas que se imparten en otro idioma. Sólo hace falta utilizar ese sentido común que, según dice el proverbio, es el menos común de los sentidos.

El bilingüismo que discrimina a los profesores

Carlos Rodríguez Mayo
Si ayer hablaba del bilingüismo que discrimina a los alumnos, hoy quiero hablar del bilingüismo que discrimina a los profesores.
Según mi punto de vista son tres razones distintas las que establecen esta discriminación:
La primera es la reducción de una o dos horas semanales que reciben los profesores bilingües, partiendo de la discutible premisa que justifica que estos necesitan más tiempo para la preparación de sus clases.
La segunda, que es la más importante a mi modo de ver, es la que se deduce de la discriminación previa de los alumnos y consiste en que los profesores bilingües dan clase a los alumnos más competentes.
La tercera es que, para favorecer su política, los altos cargos de la administración del PSOE de Cantabria, en el transcurso de los últimos meses en que mandaron en la región, dieron un perfil bilingüe (en inglés, francés e, incluso, italiano o alemán) a algunas plazas ya existentes, de manera que, cuando salieron al concurso de traslados, se redujeron sustancialmente los derechos de movilidad de los distintos cuerpos docentes.

domingo, 15 de septiembre de 2013

El bilingüismo que discrimina a los alumnos

Carlos Rodríguez Mayo
En mi anterior artículo, del mes de Junio, hablaba de la dinámica discriminatoria que pone en marcha nuestro mal bilingüismo y de la actuación de cada uno de sus agentes. Si hubiera que ser más explícito al respecto, diría lo siguiente:
Por un lado, los alumnos bilingües se sienten valorados y mejores por estar en estos grupos. Su entrada en ellos es un timbre de gloria, pues no hay plazas para todos. Por eso algunos centros hacen exámenes para acceder a las plazas bilingües, y por eso muchos de los alumnos no bilingües se sienten marginados en unos grupos que se definen esencialmente por ser peores en comportamiento y por padecer de un índice de fracaso mucho más elevado. Por otro lado, los padres actúan en el mismo sentido. Los de los bilingües suelen estar más satisfechos, pues los alumnos sacan mejores resultados, mientras los problemas, que se concentran entre los no bilingües, dan lugar a un mayor descontento entre los padres de éstos. Por su parte, los equipos directivos y los profesores utilizan el bilingüismo como medio para obtener más y mejores alumnos en una época de vacas flacas, aprovechando la propaganda de los dos partidos mayoritarios (PP y PSOE).
En toda esta dinámica, se asume como principio el que el bilingüismo es algo difícil, algo para lo que hay que estar preparado, algo que no está al alcance de todos, como si saber inglés o francés fuera más difícil que saber matemáticas o historia o como si, además, de aquellos necesitasen más los más competentes y de éstas -que son justo las que se explican en inglés en nuestro centro y con libros más delgados- mucho menos. El dominio de los idiomas, sin embargo, es un conocimiento tan útil para un médico como para un albañil o un cerrajero, porque saber otro idioma es algo que sirve a todos y que no tiene sentido limitar, y menos con pruebas que discriminan según la capacidad, como se hace en muchos centros.
Frente a este bilingüismo discriminatorio, los partidos y las distintas fuerzas sociales, como los sindicatos, deberían haber protestado, pero han preferido callarse. Los marxistas, esos que entienden que el motor de la historia es la lucha de dos clases enfrentadas, no han querido ver la dualidad que separa ya en la ESO a los niños, según su capacidad, a causa de nuestro mal bilingüismo. Los liberales, esos que atacan los privilegios y defienden el principio de igualdad, tampoco ven aquí discriminación... Pues bien, a mi modo de ver, la discriminación es innegable. Basta contemplar la % de aprobados o entrar sucesivamente en los dos tipos de aula para verlo. Si añadiésemos estadísticas de problemas familiares (% de padres separados, por ejemplo), de inmigrantes, de cualificación profesional de los padres, todas redundarían en ello. Sin embargo, los estudios no se hacen, no interesa, y la discriminación se mantiene o crece, a medida que nuestro mal bilingüismo se extiende por la mayor parte de los institutos de España. Su proliferación es una auténtica vergüenza para este país, primero porque no hay datos que demuestren que los centros bilingües hayan mejorado sus resultados en inglés (en nuestro caso, en selectividad, como se puede ver en este blog, ha resultado exactamente lo contrario) y segundo, porque es tan claro su sentido discriminatorio que su éxito demuestra la relatividad de los principios morales y políticos de nuestra democracia.

martes, 2 de julio de 2013

Huir de la enseñanza no bilingüe

Carlos Rodríguez Mayo
Me cuentan que existe una idea establecida que lleva a los profesores y a los cargos directivos de muchos colegios e institutos a recomendar a los padres que los niños más competentes elijan una enseñanza bilingüe y reservar de este modo la enseñanza no bilingüe para los menos dotados, como si la primera opción fuese mejor o como si la mayor exposición a un idioma extranjero fuera sólo positiva e interesante para los más capacitados. Los que así obran provocan una discriminación irresoluble, de la que se benefician unos y de la que los otros ya no pueden escapar. Con esta orientación y el seguimiento inconsciente de muchas familias se convierten los grupos no bilingües en grupos degradados en donde se concentran todos los problemas, en grupos en los que, normalmente, ninguno querríamos tener a nuestros hijos. Por eso resulta necesario explicar a los maestros y a los padres de los alumnos que la elección de la enseñanza no debe tener que ver con la competencia y sí con lo que se pretende aprender. Para orientar bien hay que contar la verdad y la verdad es la siguiente: 
La enseñanza bilingüe pretende enseñar un poco más de inglés a costa de las materias que se imparten en ese idioma que los chicos desconocen. En la práctica es dudoso que se consiga el bien del primer objetivo y es seguro que se produce el mal del segundo, pero además se genera un problema mucho más negativo: el de la discriminación de los alumnos, ya que por la propia elección de los padres de los alumnos o como consecuencia de esta perversa orientación, los alumnos de mayor nivel, los más trabajadores, los más competentes, los de mejor comportamiento, se concentran en estos grupos.
La otra opción, la enseñanza no bilingüe, es la misma que la enseñanza normal de la ESO. Sin embargo, en nuestros centros esta opción incluye, por las mismas razones, toda la panoplia de la anormal acumulación de problemas sociales y educativos, de manera que sus grupos siempre acaban por convertirse en los más conflictivos. En ellos proliferan los malos ejemplos, las faltas de conducta, las expulsiones y los mayores porcentajes de suspensos. Aunque los problemas de esta enseñanza no bilingüe no son propios de su planteamiento didáctico, en las condiciones de elección actuales es la peor de las opciones. Es tan mala que no dudo ahora en recomendar a los padres que la rechacen, si no quieren que su hijo se vea arrastrado hacia el sumidero del sistema educativo.
Para cambiar esta desastrosa situación, hay que decir la verdad y afear, e incluso perseguir, a los que mienten. A los que intenten engañarles, pídanles estadísticas comparativas de bilingües y no bilingües con respecto a aprobados o a expulsiones o bien la % de alumnos con padres separados o divorciados o la % de inmigrantes en cada uno de los dos grupos. Verán entonces que estos datos no se obtienen o, si se obtienen, se ocultan bajo llave. A cualquiera se le ocurre que no cuantificar lo que no conviene o no decir lo que se sabe es también una forma consciente de mentir.

jueves, 27 de junio de 2013

¿Ciencias Naturales bilingües?

Carlos Rodríguez Mayo
Durante años, algunos profesores, como Javier Barba, han impartido algunas de sus clases en inglés para facilitar el acceso y el mantenimiento del instituto en esa enseñanza que llamamos bilingüe, de la que nuestro centro fue pionero. Hoy, diez años después, las cosas empiezan a cambiar. Javier y algunos de los antiguos profesores bilingües abandonan su enseñanza por razones de carácter personal, que no vienen al caso.
Durante estos diez años, de la boca de Javier y de los profesores de su entorno no ha salido una sola palabra en contra del bilingüismo y sí muchas a favor, enfrentándose para ello con los pocos que criticamos el PPLE del centro porque provocaba la discriminación entre profesores y alumnos bilingües y no bilingües y por los resultados negativos que evaluamos en alguno de los departamentos implicados en él. Para prevalecer frente a estas críticas, Javier no ha dudado en acusarme a mi y a los que han defendido mi posición de olvidar el servicio a los alumnos y de estar movidos por intereses personales.
Sin embargo, ahora, cuando Javier se ve obligado a dejar la enseñanza bilingüe, las cosas cambian. Ni una sóla palabra para defender la presencia de las Ciencias Naturales en el PPLE. En orden a la coherencia personal que se debe pedir a todo individuo responsable, se echa en falta que los que como Javier han defendido año tras año los buenos resultados del bilingüismo en sus asignaturas, no planteen en los órganos didácticos del centro, o directamente ante la autoridad, ninguna gestión para defender aquello que tan bien funcionaba según sus memorias, cuando ellos eran los máximos responsables. Si Javier fuese coherente con lo que ha dicho, habría intentado negociar ante la autoridad un perfil bilingüe para la plaza que quede libre cuando se jubile Gonzalo, y ahora que él abandona, pediría como director para el próximo curso un profesor bilingüe de Ciencias Naturales que permitiese mantener a su asignatura dentro del PPLE. Sin embargo, ¿qué hace hoy Javier Barba? ¿Qué dice? Pues que Ciencias Naturales sale del PPLE.
Con el tiempo la historia deja a cada cual en el lugar que le corresponde. Esperemos acontecimientos.

domingo, 23 de junio de 2013

La úlltima clase

Carlos Rodríguez Mayo
Prima non datur et última dispensatur, decía un viejo proverbio en lengua latina para referirse en la universidad medieval a la clase con que daba comienzo el curso y a la que lo ponía fin. Su contenido se cumplía año tras año y sus efectos, pensaba, llegan hasta la actualidad. En efecto, hoy en día, lo normal es que las clases comiencen con una larga intervención del profesor, que pasa lista y se presenta a sí mismo y a la asignatura, cita los libros de texto y comenta lo que se espera de los alumnos. Por eso, la materia de ese día no entra en examen y es, desde el punto de vista de los chicos, un día que no cuenta.
La clase final, sin embargo, sí que se prepara. El profesor necesita comentar lo que ha sucedido, el nivel, el seguimiento, los acontecimientos relevantes y los resultados. Para los alumnos las necesidades son distintas. Ellos quieren saber las notas y volar. Una vez que se saben aprobados ya nada les preocupa y, sí pueden, desertan de las aulas. El viernes pasado, el último día del curso, tuve sólo dos clases. En una tuve cinco alumnos y en la otra, cuatro. Así que me tuve que guardar las conclusiones y no pude sondear sus puntos de vista acerca de lo sucedido.
Ahora pienso de nuevo en el viejo proverbio latino y decido que en adelante será mejor cambiarlo: "Prima non datur et ultima non recepitur". Y es que, en nuestros tiempos, los profesores ya no mandan o al menos no lo hacen de forma exclusiva. Ahora, en esta época de "huelgas", de  derechos y de libertad, la mayor parte de los alumnos son los sujetos de la falta, los protagonistas de la ausencia, mientras que los padres, que deberían controlar o impedir estos comportamientos, los asumen, los justifican o los toleran. Este es, si alguien no lo remedia en algún momento, el sentido de la dirección de los cambios hacia el futuro. 

La LOMCE y el sentido común

Miguel Martínez Renobales. Profesor de Lengua y Literatura del IES Augusto González de Linares
Hace unos días apareció en el Diario Montañés el artículo del profesor Miguel Ibáñez, director del Centro de Formación del Profesorado de Santander, titulado “Bondades de la Educación”, en el que, entre otras afirmaciones extremadamente provocadoras, que es mejor obviar porque ni favorecen el debate ni constituyen argumentos sobre nada, acredita el “sentido común” de la LOMCE con la idea de que habilita pruebas para detectar dificultades de aprendizaje en Primaria, como si nada se hubiera hecho en tal sentido hasta ahora, y también con que “en Secundaria se pueda escoger a una edad razonable entre dos vías, una orientada hacia la Formación Profesional y otra hacia el Bachillerato”, calificando de razonable un momento muy discutido en los países europeos desde hace muchos años. 
Una vez más, nos hallamos frente a uno de los pilares del argumentario (?) en defensa de la LOMCE: el “sentido común”. Y todos los que nos oponemos de un modo u otro a la ley no tenemos ningún crédito o somos objeto de peregrinas descalificaciones, por no reconocérselo, tal y como ella misma se atribuye en el preámbulo. Ahí es nada. La autoridad dotando de legalidad al “sentido común” (el suyo, por supuesto) para inhabilitar como espurias al resto de las iniciativas que no se le acomoden.
Justificar la multiplicación de reválidas con la pretensión de “mejorar el rendimiento” es un error porque así se desviarán más alumnos del camino del estudio; proponer la elección de itinerarios tempranos entre Bachillerato y Formación Profesional para reducir el abandono escolar es otra equivocación, porque, según afirman los propios interesados, lo que les mueve a dejar las aulas es el dinero fácil y no lo que encuentran en ellas; incorporar a los alumnos con dificultades en planes “de mejora” les adjudica automáticamente el calificativo de “peores”; hacer desaparecer de la escuela la formación en ciudadanía es privar a los estudiantes de un conocimiento necesario para su maduración;… Y suma y sigue. Fallos todos de “sentido común” y provocados por el mismo yerro: no escuchar. Sobre todo por eso, por no escuchar. 
En los asuntos de enseñanza y aprendizaje, el protagonismo debe adquirirlo el aprendiz, que es para quien se diseñan los planes, y no la autoridad, como parece traslucirse en la LOMCE. En la novela de la educación para todos, el que manda debe desempeñar su papel sin permitir que se lo usurpe nadie, por supuesto, pero mal vamos si se arroga la relevancia del primero y entramos en un nuevo desorden, porque no atiende, no escucha. En administrar este problema consiste el reto de la democracia y ningún lugar mejor que la escuela para encauzarlo con calma y sin complejos. 
En otras épocas y en otros países, los grandes cambios legislativos en educación han sido promovidos después de un prolongado debate en el que se han manejado resultados de evaluaciones diversas y no parece que haya funcionado mal el procedimiento. Aquí, nosotros, como tenemos prisa (?), cortamos y pegamos y, de paso, marramos el intento descalificando los treinta años anteriores. Sirvan como ejemplo, entre otras medidas, que en los últimos cursos de la E.S.O. se interviene haciendo desaparecer los planes de Diversificación, que son del año 2004, sin que tengamos noticia alguna de su evaluación, o incorporando un Curso de Acceso a Ciclos de Formación Profesional de Grado Medio, aparentemente innecesario, mientras ignoramos otro en el nivel superior, claramente demandado y reconocido por la Administración anterior. Y, en cuanto a las materias, que es lo que importa en la formación del profesorado, las didácticas de las asignaturas han aportado novedades en metodología y en evaluación que han removido el debate sobre los contenidos y proporcionado más fundamento al aprendizaje. Pero aquí también despotricamos sin matices y, en vez de seguir por ese camino, atajamos por la vía de los exámenes y el “sentido común”, cuando sabemos que el asunto no tiene nada de sencillo. Es verdad que el modelo de la evaluación necesitaba una revisión, pero como perdamos de vista el viejo objetivo de incorporar a todos al sistema educativo, me temo que lo que comenzó a abrirse paso hace unos treinta años y que, en gran medida, fue desarrollado en la escuela pública, acabe convertido en un itinerario de obstáculos donde queden arrinconados demasiados aprendices incapaces de superarlos.

viernes, 21 de junio de 2013

Alicia en el país de las maravillas

Carlos Rodríguez Mayo
En el país de las maravillas se hablaba griego y latín. En el país de las maravillas, que floreció en el renacimiento, la belleza, la verdad y la bondad eran ideales platónicos útiles que brotaban del rigor de la razón para intentar perseguir un recto equilibrio entre los contrarios. A veces, como le sucedió a Galileo, la belleza y la verdad se enfrentaban con los valores medievales obligatorios que emanaban de la fe. A veces, como aconsejaba el gran Erasmo de Rotterdam, el saber se enfrentaba con la triste realidad, cuajada de corrupciones. En el país de las maravillas, se usaba de una enseñanza humanística, que enseñaba a los alumnos a hacerse hombres a través de los textos de los antiguos, cultivando el respeto y la consideración hacia los viejos senadores que acumulaban el tesoro de la experiencia.
Hoy en día ese país es tan sólo un territorio de la imaginación, un impreciso gato de Cheshire que aparece y desaparece sobre las ramas de un árbol marchito… Hoy en día, Alicia no tiene sitio entre los profesores de nuestro centro y eso constituye una gran pérdida, porque nos habla de la magra dimensión de nuestro bachillerato y porque supone una derrota más de nuestro brillante pasado frente al mediocre e ideologizado presente.
Lo siento Alicia. Lo siento por ti, por el centro, por las humanidades y, también, por los alumnos.

domingo, 16 de junio de 2013

Excesos pedagogistas

Carlos Rodríguez Mayo
Un artículo, publicado la semana pasada en el Diario Montañés por Miguel Ibañez, ha provocado una reacción, que ha tomado la forma de un rumor insistente y monocorde que circula por las salas de profesores y por las cafeterías de nuestros centros. Aunque este rumor todavía no ha producido textos escritos, que yo sepa, su contenido tiende a cultivar la idea de que los que desempeñan cargos públicos, como Miguel en el CEP, deberían inhibirse en la crítica de las teorías pedagógicas al uso. Este vulgar cotilleo me resulta preocupante. La censura, el silencio impuesto, es todo lo contrario a lo que yo defiendo. Para mi, toda reflexión escrita es una bendición que nos permite saber, entender. Por eso y porque no puedo dejar de apoyar a los que discrepan y asumen planteamientos semejantes a los míos, no quiero pasar del tema y callarme. Miguel escribe, hablo de memoria, en contra de los excesos de la práctica constructivista. En eso, me parece, hay que darle alguna razón. Recuerdo, por ejemplo, a un cargo político que llegó a establecer “que las clases magistrales estaban prohibidas” y cómo se llegó a legislar la obligatoriedad del “constructivismo”, que es una teoría pedagógica y no una verdad oficial.
Para mi, lo peor de estos excesos se relacionaba con el descrédito de lo teórico, de lo científico, que la intromisión de la prioridad pedagógica introducía. La extensión de la metodología de la tormenta de ideas, por ejemplo, reservaba para el profesor el nivel de coordinador de un conocimiento intuitivo de la realidad que se suponía que tenía adquirido ya el alumno. El problema aparecía cuando el joven se sentía facultado para establecer una elucubración divergente a la del concepto impartido y porfiaba en su ocurrencia, despreciando los argumentos científicos que el adulto estaba obligado a comunicar. Otro problema era el de minimizar la importancia del conocimiento científico en el proceso de selección del profesorado y, en especial, en oposiciones, para primar de ese modo el criterio de la práctica didáctica. Así se privilegiaba a la experiencia frente a la competencia, cuando ambas se enfrentaban, así se prefería al interino iletrado frente al extraño opositor que sabía más y mejor del tema sobre el que se estaba juzgando.
A pesar de estos excesos, intentando matizar el contenido de lo escrito, no debería acabar sin decir que los CEP y sus metodologías activas han aportado lo mejor de todo el proceso de renovación de la enseñanza de los últimos treinta años. Sin embargo, pongamos las cosas en su sitio. Entre tantos cursillos inteligentes, entre tantas aportaciones válidas, se colaron muchos indocumentados, muchos falsos profetas que pretendían enseñarnos sin experiencia y sin sabiduría. Ha habido mucha propaganda, mucho trabajo sucio para intentar atacar la profesionalidad de nuestros compañeros más tradicionales. Muchas palabras huecas contra los apuntes y los subrayados en los libros. Nos hemos pasado de largo. Por eso yo no murmuro. Por eso yo dejo de lado el cotilleo y escribo, como ha hecho Miguel Ibañez, y lo hago aquí, para decir lo que pienso, con mi nombre y apellidos por delante.              

sábado, 8 de junio de 2013

Violencia en la Complutense

Carlos Rodríguez Mayo
Me cuentan que era el 22 de abril de 2013 y que en el Campus de Somosaguas corrían las cucarachas por el suelo después de la larga huelga de la limpieza. Una parte de los profesores y otra de los estudiantes se había solidarizado con los huelguistas o bien había cedido en su derecho para no tener que soportar el mal olor y la apariencia tercermundista de las facultades. En una de ellas, en Ciencias Políticas, M.I.C. realizaba un examen de Derecho Internacional a sus alumnos, cuando un piquete de alborotadores entró en su clase. El docente, al parecer, intentó convencer a los intrusos de que debería respetarse el derecho de los alumnos a acabar su examen sin interferencias externas, pero uno de ellos no se atuvo a razones. Dicen que, preso de la agitación del momento, el violento agarró a M.I.C. por el cuello y le propinó unas cuantas bárbaras patadas en unos segundos densos que ninguno de los presentes pudo evitar, a pesar de que, más tarde, denunciaran los hechos ante el decano.
Al día siguiente, la noticia aparecía en "La Razón", que contaba lo sucedido de forma escueta, sin dar detalles, en un artículo firmado por E. Sicilia... ¿Y después? Nada más, silencio... Al fin y al cabo, ¿qué importancia tiene para un país como éste un pequeño detalle violento? ¿Qué más da que se golpee a un profesor por cumplir con su deber? ¿Qué más da que se pisoteen los derechos de los alumnos a realizar un examen cuya fecha se ha acordado previamente para que sea la fecha de todos, después de haber sido aprobada como la más conveniente por la mayoría? ¿Por qué? ¿Hasta cuándo?      

viernes, 31 de mayo de 2013

Copiar en los exámenes

Carlos Rodríguez Mayo
Casi siempre, al final de cada curso, se plantea el asunto de la trampa. El camino más corto hacia el aprobado, cuando uno no ha hecho el esfuerzo necesario, incluye la estrategia del engaño. Los profesores lo sabemos e intentamos evitarlo. Para ello no tenemos más instrumento que el de la persuasión. Lo empleamos cuando identificamos el problema, señalando que el tramposo no hace trampa al profesor, sino que se enfrenta contra todos, contra sus compañeros en primer lugar y contra la comunidad en general que establece las reglas y acepta el juego limpio. Sin embargo, esta posición tan clara suele ser malinterpretada. Los alumnos suelen defender al infractor y, a veces, también los padres. Entre los profesores hay quien se muestra "realista" y comete el error de decir que "se puede copiar, pero si te pillan..." Si te pillan resulta necesaria una sanción, pero ¿de qué tipo? ¿Se puede quitar al tramposo su derecho a la evaluación? ¿Impedirle el acceso a los parciales comunes anteriores a la prueba final de junio o a la extraordinaria de septiembre? ¿Obligarle a realizar exámenes especiales con preguntas y ejercicios diferentes y con las mayores garantías de aislamiento de sus posibles fuentes de información? Nadie se atrevería hoy a hacerlo sin que antes hubiese sido aprobado el asunto en la programación del departamento, en la Comisión Pedagógica o en el Consejo Escolar del centro. Entonces, ¿se debería tratar el problema como una falta de disciplina? ¿Se debería realizar un expediente al alumno que copia en un examen para información de sus padres y para intentar corregir un comportamiento negativo?
Resulta evidente que en una sociedad que no es capaz de sancionar con justicia al tramposo, la trampa resulta un medio cada vez más útil, cada vez más eficaz. Nuestro problema es que en este país, y justamente por eso, hay cada vez más pícaros y menos honrados y demócratas contribuyentes que exijan que el principio constitucional del mérito y capacidad se plasmen en algo práctico. Actúa en sentido contrario toda una propaganda anarco-marxista que justifica al que roba por ser pobre y al que copia porque no sabe, mientras se criminaliza al rico y al empollón. En un país que carece del contrapeso de la teoría calvinista de la predestinación (teoría que considera el éxito y la riqueza como un bien común), esta propaganda negativa se configura como un grave problema ético y social, un problema que divide y enfrenta innecesariamente, un problema que impide establecer lazos de amistad y de cariño más allá de las propias ideologías, un problema que es tal vez, también, el principal problema de la educación de nuestros hijos.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Pequeños problemas

Carlos Rodríguez Mayo
Hoy en mi clase de 2º de ESO, durante un examen, he tenido una pequeña discusión con un alumno. Él no había escrito ni una línea en la hoja que le había entregado y se encontraba evidentemente aburrido. Yo le había animado a que, si no sabía las preguntas, me contase alguna cosa interesante, pero él no encontraba motivación para hacerlo. Luego le he llamado la atención por bostezar y estirarse de forma pública y notoria, y lo he hecho en voz baja y en privado, para no molestar a sus compañeros. Le he explicado que eso es una falta de educación y que es una convención social aún en uso la de intentar reprimir el impulso de abrir la boca y mostrarla sin recato, salvo en la intimidad del hogar. Él no estaba de acuerdo e insistía en un cansancio, que yo no podía verificar, y volvía a mostrar su campanilla de una forma tan notoria y ostensible que todos los compañeros que le rodeaban se pusieron también a hacerlo en un acto que mostraba por un lado el repudio a la intervención del profesor y por otro un apoyo a la mala educación del alumno. Finalmente, a pesar de que el asunto estaba claro, decidí pensar que la epidemia se estaba extendiendo de forma natural por efecto del contagio e intenté cortar con tan negativa dinámica y salir por la tangente, solicitando que continuara el examen en silencio.
Luego he pensado en lo sucedido y he llegado a la siguiente conclusión: Los profesores ya no podemos enseñar educación. No nos dejan. Tampoco podemos enseñar compostura. Cuando yo reclamo a mis alumnos que cambien su posición sobre el pupitre o que pidan permiso para levantase del asiento o no les doy permiso para ir al baño, me miran como alucinados, como si estuviera traspasando un código de usos intangible y limitando su derecho a estar sentados o tumbados o a moverse libremente en el contexto de la clase. Los derechos, la libertad, se garantizan como es lógico en todo estado democrático, pero no se crea el contrapeso necesario de unas normas de educación o de conducta que se hagan cumplir siempre, sin excepción, porque es bueno que se cumplan, ni una disciplina eficaz, que pueda reprimir su incumplimiento.
Si ésta es la situación en nuestras clases se entiende que haya otros muchos problemas derivados, sobre todo si el saber no es divertido ni interesante, ni está prestigiado socialmente. Cambiar este estado de cosas resulta muy difícil, exige un acuerdo social que es dudoso que una España llena de trincheras ideológicas sea capaz de aceptar en algún momento y unos políticos perspicaces que sepan ver los problemas reales y que intenten acordar con los demás unas medidas que sean capaces de resolverlos. Como nada de esto existe, tendremos que conformarnos.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Elegir una mala ESO bilingüe

Carlos Rodríguez Mayo
Conociendo que soy profesor de instituto, un padre de familia me pregunta acerca de la mejor opción para su hijo. El instituto que le toca es bilingüe, como el nuestro, de manera que existe la posibilidad de elegir. Yo le contesto que, si se conoce el percal, no hay ninguna duda. Siempre hay que elegir la enseñanza bilingüe, pero no porque sea mejor, sino porque esa misma opcionalidad encierra una real clasificación de los alumnos, dado que los más competentes, los más motivados y de mejor comportamiento la eligen, con toda lógica, y dejan, por lo tanto, la formación no bilingüe para los menos competentes, los menos motivados y los de peor comportamiento. 
El que, por la razón señalada, yo recomiende sin dudar la enseñanza bilingüe no quiere decir que ésta sea en sí misma buena y recomendable. Como ya he dicho muchas veces en este blog, y como saben los dirigentes de educación, que callan por motivos políticos, nuestro bilingüismo no funciona. Siendo generosos con él, se podría decir que obtiene resultados magros en el aprendizaje del inglés y, a cambio, provoca un retroceso en las asignaturas que se imparten en el idioma bilingüe, que son las grandes perjudicadas. También son perjudicados los alumnos de los grupos no bilingües y los profesores que dan clase a estos grupos indisciplinados.
Los grandes partidos (PP y PSOE) y los distintos sindicatos saben de esta discriminación y la asumen, pero esperan que la verdad no se extienda, que nadie diga nada, para seguir vendiendo la hermosa palabra en las elecciones. Con este silencio cómplice, ante una verdad que no se evalúa de forma pública y transparente, los que callan se hacen en alguna medida responsables de la degradación del sistema. Por eso yo sigo hablando, aunque me quede sólo: Nuestro bilingüismo es un mal bilingïsmo. El que busca la verdad la encuentra.   

martes, 14 de mayo de 2013

Tres sombreros de copa

Carlos Rodríguez Mayo
El grupo de teatro del IES Ría del Carmen presentó a finales del mes pasado su obra en el Instituto Villajunco, en Santander. Gracias a esto, algunos recordamos los "Tres sombreros de copa" y otros los conocieron por primera vez. Los chicos defendieron sus papeles con toda la energía de su edad y con recursos musicales añadidos sorprendentes. Tengo que felicitarles por ello. La comedia, que describe un mundo triste y oscuro, como el de la época sin libertad en que fue estrenada, aparecía en manos de nuestros jóvenes como una obra renovada, joven y simpática. Como sucedió en eventos semejantes en el pasado, los chavales mostraron su interés por la actividad y se lucieron ante el público. Este año, además, podemos felicitarnos del trabajo de Elena, que ha sido capaz de dar continuidad al colectivo de Freire, para rehacerlo a su forma. Hay que darle las gracias a ella, sobre todo, por el gran trabajo realizado, y no dejar en el olvido las colaboraciones de Gema y David. Desde aquí, quiero infundir a todos ánimo para continuar. Los chicos se lo llevan puesto. Merece la pena.

jueves, 9 de mayo de 2013

Otra huelga más

Carlos Rodríguez Mayo
En esta España en crisis cada vez hacen más daño los descuentos. A mi parecer es esta la razón principal que justifica que el apoyo del profesorado a esta huelga haya sido inferior al de anteriores convocatorias. Algunos de los compañeros que acudieron a su centro de trabajo explicaban que pensaban hacerlo acudiendo a la manifestación. Lo hacían, además, con la conciencia de que su colaboración para hacer triunfar la huelga no resultaba ya imprescindible, dado que la convocatoria del Sindicato de Estudiantes y de las AMPAS  garantizaba la paralización del servicio educativo.
Aunque yo tampoco he hecho la huelga, no ha sido ésta mi opción. Por supuesto que estoy seriamente preocupado por la capacidad adquisitiva de mi salario, máxime cuando en mi caso es la única aportación económica que sostiene mi magra cartilla familiar, pero considerar justa la reivindicación de conservar el nivel adquisitivo de mis ingresos pasados no puede servir para hacer frente común con quienes no reconocen los mismos problemas en el medio laboral.
Como ya he dicho muchas veces en ese blog, los problemas se resumen en la falta de exigencia y de nivel, en la discriminación de alumnos y profesores, que produce nuestro mal bilingüsmo, y en la sumisión del sistema a una legislación cargada de ideología y volcada en la protección del desinterés y la indisciplina. Alguien debería pensar en intentar solucionar estos problemas con una mejor y más justa selección del profesorado, con un buen bilingüismo optativo, a base de más horas de inglés impartidas por verdaderos profesores de inglés y no por habilitados, y con una nueva ley orgánica. Sin embargo a los partidos y a los sindicatos les parece mejor mirar hacia otro lado y no ir al fondo de la cuestión. Con ello, la enseñanza pública continúa degradándose mientras crece la privada. En este proceso, por cierto, la responsabilidad del gobierno no es exclusiva. Después de lo que ha llovido, a los PP y a los PSOE, en el poder o en la oposición, ya no les quitan muchos votos estas huelgas. A veces, por el contrario, las huelgas desahogan los pagos y alivian las arcas vacías, gracias a los descuentos a los huelguistas. Si, además, las AMPAS colaboran mostrando alegría por el triunfo de la "movilización", en vez de solicitar que se corte la huelga cuanto antes, ¿de qué hay que preocuparse? Los chicos hacen novillos, los profesores no trabajan, el gobierno se desgasta y las calles quedan en manos de los sindicatos. Todos contentos...
Esta falta de responsabilidad y de rigor es lo que está hundiendo a este país.  

miércoles, 27 de marzo de 2013

Purgatorio en los recreos

Carlos Rodríguez Mayo
Hay un puñado de profesores en el centro que consideramos que sería muy bueno disponer de un aula para alumnos “castigados” durante los recreos. La dirección y la jefatura de estudios se han comprometido a dirigir un proceso de reflexión y discusión acerca de su virtualidad y en torno a la compleja organización que ésto requeriría.
En una enseñanza en la que los problemas de disciplina no tienen suficiente contrapeso “penal”, es decir, que los elementos de presión capaces de convencer al alumno de la necesidad de cambiar su comportamiento faltan o son muy escasos, resulta normal que todo acabe en palabras, en un intento vano de convencer al infractor, en el que se echan de menos instrumentos de castigo como el que proponemos poner en marcha. Para convencer hacen falta algunas veces medios no argumentales como éste que, además, podrían servir para enseñar a respetar una estricta norma de silencio. El silencio y el trabajo, lo mismo que para los cartujos, sería la penitencia que conduciría, si se respetase, a la redención de la pena, mientras que, si no se respetase, debería conllevar la acumulación de nuevas sanciones. Para ello habría que dotar a este aula de una especial protección en el Reglamento de Régimen Interno e imbuir a los profesores implicados en su vigilancia de una especial atención al cumplimiento de las normas que lleve aparejadas.
En resumen, según mi parecer, si se consiguiera que este nuevo espacio en los recreos asumiera el papel de hacer visible el purgatorio que conduce, bien hacia el cielo de la responsabilidad y del respeto o bien hacia el infierno del castigo merecido y estricto, el aula podría ser muy útil. Veremos.

lunes, 18 de marzo de 2013

Oposiciones

Carlos Rodríguez Mayo
Se habla ahora de que en la Comunidad de Madrid quieren cambiar las reglas del juego de las oposiciones al cuerpo de maestros, porque la mayor parte de los presentados no sabe por qué provincias pasa el río Duero y comete abundantes faltas de ortografía. Los sindicatos, que son los responsables de la transformación del antiguo sistema de acceso, que se basaba en los principios constitucionales del mérito y la capacidad, ya han puesto el grito en el cielo. Con ello se descubre su doble juego, porque los sindicatos siempre defienden al trabajador frente al interés de los parados, aunque en su propaganda digan lo contrario. Gracias a ellos se ha hecho prácticamente imposible sacar una plaza sin ser antes interino. En este sentido, son muchos los compañeros implicados a su pesar en recientes tribunales que han expresado en voz baja su malestar por tener que dejar en el paro a candidatos excelentes, mientras profesores menos preparados o competentes, después de realizar exámenes muy deficientes, sacaban su plaza. 
Ahora, el gobierno de Madrid pretende que sólo se puedan acumular los puntos de la antigüedad como interinos a los examinandos que aprueben el examen, y a mi me parece bien. Me parece una medida necesaria y equilibrada. Y es que hay que pensar primero en los alumnos y hay que seguir el principio constitucional del mérito y capacidad. Sin embargo, el argumento sindical tampoco se debe olvidar. También la experiencia es importante. En resumen, lo mismo que digo siempre. Diálogo y consenso.  

jueves, 14 de marzo de 2013

Excelencia

Carlos Rodríguez Mayo
La Consejería de Educación habla ahora de "Excelencia". Bueno es que se hable de eso, porque con nosotros hay profesores extraordinarios que pasan desapercibidos, incluso para sus alumnos. Mis mejores profesores los he descubierto con el tiempo, gracias a la importancia de lo que me enseñaron. Para los alumnos actuales pasa algo parecido. Difícilmente son capaces de valorar a la persona que tienen delante. Tampoco a los compañeros nos resulta fácil saber quién es quién, de manera que hay una tendencia natural a que fragüe la idea de que todos somos iguales. Sin embargo, lo sabemos, la vida no es así. Cada uno es cada uno. Lo mismo que no hay un alumno igual a otro, los profesores somos especies diferenciadas con historias, competencias y quehaceres distintos.
Gonzalo, por ejemplo, un profesor que se ha pasado la vida dando clases a los alumnos de Camargo, es uno de los profesores más sabios que existen en muchas leguas a la redonda. En Botánica no hay en Cantabria quien tenga un curriculum mejor ni quien manifieste una tendencia más intensa hacia el contacto directo con el medio para el conocimiento exhaustivo de la ecología de las plantas. Él, además, es un amigo excelente y una persona común, alguien que nos enseña que el saber no produce personas distantes y sí personas mejores, más humanas y más abiertas. Su saber podría haber servido para mucho más que para lo que le ha utilizado el Instituto, porque el sistema no sabe juntar el hambre con las ganas de comer, porque el sistema es demasiado rígido. Él es un eminente profesor desaprovechado por esta Enseñanza Media de nuestros pecados que ha visto degradarse año tras año la densidad de los programas y su nivel de exigencia y de saber. Él podría ser también el mejor candidato de nuestro centro a la "Excelencia" que ahora pregona la Consejería. ¿Lo proponemos?