Elsa Ajo Navarro
Falta poco para que comience diciembre, ese mes que será el último en el que se podrá fumar en bares y restaurantes, y en las proximidades de colegios y hospitales. Este mes será para muchos un infierno, ya que temerán que llegue el día 31 y, después, el 1. Para otros tantos comenzará la cuenta atrás para poder entrar en locales sin tener que apestar a tabaco al salir.
Pues bien, este artículo no es más que mi reflexión y en él quiero exponer que sin leyes no tendríamos libertad. Puede parecer que esta ley quita la libertad a los fumadores, quizás sí, pero ellos han decidido fumar y en cambio todos los no fumadores o ex fumadores no eligieron enfermar ni oler continuamente el humo de los demás. Por esto creo que la ley que estrenará el año no es más que otra medida para fortalecer la libertad y los derechos de cada uno.
Y es verdad que se da mucha importancia al tema del tabaco, y más últimamente, pero si no se la diésemos, si no informásemos, entonces sucedería que la gran mayoría de los niños comenzarían a fumar y que gran parte de los fumadores, activos y pasivos, enfermarían cada año. También se produciría un aumento del número de afectados por el cáncer y seguirían muriendo camareros por la inhalación de humo en su trabajo, mientras la gente mira para otro lado.
Para que esto no suceda están las leyes y más esta que afecta a la salud de todo el mundo.



