viernes, 21 de junio de 2013

Alicia en el país de las maravillas

Carlos Rodríguez Mayo
En el país de las maravillas se hablaba griego y latín. En el país de las maravillas, que floreció en el renacimiento, la belleza, la verdad y la bondad eran ideales platónicos útiles que brotaban del rigor de la razón para intentar perseguir un recto equilibrio entre los contrarios. A veces, como le sucedió a Galileo, la belleza y la verdad se enfrentaban con los valores medievales obligatorios que emanaban de la fe. A veces, como aconsejaba el gran Erasmo de Rotterdam, el saber se enfrentaba con la triste realidad, cuajada de corrupciones. En el país de las maravillas, se usaba de una enseñanza humanística, que enseñaba a los alumnos a hacerse hombres a través de los textos de los antiguos, cultivando el respeto y la consideración hacia los viejos senadores que acumulaban el tesoro de la experiencia.
Hoy en día ese país es tan sólo un territorio de la imaginación, un impreciso gato de Cheshire que aparece y desaparece sobre las ramas de un árbol marchito… Hoy en día, Alicia no tiene sitio entre los profesores de nuestro centro y eso constituye una gran pérdida, porque nos habla de la magra dimensión de nuestro bachillerato y porque supone una derrota más de nuestro brillante pasado frente al mediocre e ideologizado presente.
Lo siento Alicia. Lo siento por ti, por el centro, por las humanidades y, también, por los alumnos.

domingo, 16 de junio de 2013

Excesos pedagogistas

Carlos Rodríguez Mayo
Un artículo, publicado la semana pasada en el Diario Montañés por Miguel Ibañez, ha provocado una reacción, que ha tomado la forma de un rumor insistente y monocorde que circula por las salas de profesores y por las cafeterías de nuestros centros. Aunque este rumor todavía no ha producido textos escritos, que yo sepa, su contenido tiende a cultivar la idea de que los que desempeñan cargos públicos, como Miguel en el CEP, deberían inhibirse en la crítica de las teorías pedagógicas al uso. Este vulgar cotilleo me resulta preocupante. La censura, el silencio impuesto, es todo lo contrario a lo que yo defiendo. Para mi, toda reflexión escrita es una bendición que nos permite saber, entender. Por eso y porque no puedo dejar de apoyar a los que discrepan y asumen planteamientos semejantes a los míos, no quiero pasar del tema y callarme. Miguel escribe, hablo de memoria, en contra de los excesos de la práctica constructivista. En eso, me parece, hay que darle alguna razón. Recuerdo, por ejemplo, a un cargo político que llegó a establecer “que las clases magistrales estaban prohibidas” y cómo se llegó a legislar la obligatoriedad del “constructivismo”, que es una teoría pedagógica y no una verdad oficial.
Para mi, lo peor de estos excesos se relacionaba con el descrédito de lo teórico, de lo científico, que la intromisión de la prioridad pedagógica introducía. La extensión de la metodología de la tormenta de ideas, por ejemplo, reservaba para el profesor el nivel de coordinador de un conocimiento intuitivo de la realidad que se suponía que tenía adquirido ya el alumno. El problema aparecía cuando el joven se sentía facultado para establecer una elucubración divergente a la del concepto impartido y porfiaba en su ocurrencia, despreciando los argumentos científicos que el adulto estaba obligado a comunicar. Otro problema era el de minimizar la importancia del conocimiento científico en el proceso de selección del profesorado y, en especial, en oposiciones, para primar de ese modo el criterio de la práctica didáctica. Así se privilegiaba a la experiencia frente a la competencia, cuando ambas se enfrentaban, así se prefería al interino iletrado frente al extraño opositor que sabía más y mejor del tema sobre el que se estaba juzgando.
A pesar de estos excesos, intentando matizar el contenido de lo escrito, no debería acabar sin decir que los CEP y sus metodologías activas han aportado lo mejor de todo el proceso de renovación de la enseñanza de los últimos treinta años. Sin embargo, pongamos las cosas en su sitio. Entre tantos cursillos inteligentes, entre tantas aportaciones válidas, se colaron muchos indocumentados, muchos falsos profetas que pretendían enseñarnos sin experiencia y sin sabiduría. Ha habido mucha propaganda, mucho trabajo sucio para intentar atacar la profesionalidad de nuestros compañeros más tradicionales. Muchas palabras huecas contra los apuntes y los subrayados en los libros. Nos hemos pasado de largo. Por eso yo no murmuro. Por eso yo dejo de lado el cotilleo y escribo, como ha hecho Miguel Ibañez, y lo hago aquí, para decir lo que pienso, con mi nombre y apellidos por delante.              

sábado, 8 de junio de 2013

Violencia en la Complutense

Carlos Rodríguez Mayo
Me cuentan que era el 22 de abril de 2013 y que en el Campus de Somosaguas corrían las cucarachas por el suelo después de la larga huelga de la limpieza. Una parte de los profesores y otra de los estudiantes se había solidarizado con los huelguistas o bien había cedido en su derecho para no tener que soportar el mal olor y la apariencia tercermundista de las facultades. En una de ellas, en Ciencias Políticas, M.I.C. realizaba un examen de Derecho Internacional a sus alumnos, cuando un piquete de alborotadores entró en su clase. El docente, al parecer, intentó convencer a los intrusos de que debería respetarse el derecho de los alumnos a acabar su examen sin interferencias externas, pero uno de ellos no se atuvo a razones. Dicen que, preso de la agitación del momento, el violento agarró a M.I.C. por el cuello y le propinó unas cuantas bárbaras patadas en unos segundos densos que ninguno de los presentes pudo evitar, a pesar de que, más tarde, denunciaran los hechos ante el decano.
Al día siguiente, la noticia aparecía en "La Razón", que contaba lo sucedido de forma escueta, sin dar detalles, en un artículo firmado por E. Sicilia... ¿Y después? Nada más, silencio... Al fin y al cabo, ¿qué importancia tiene para un país como éste un pequeño detalle violento? ¿Qué más da que se golpee a un profesor por cumplir con su deber? ¿Qué más da que se pisoteen los derechos de los alumnos a realizar un examen cuya fecha se ha acordado previamente para que sea la fecha de todos, después de haber sido aprobada como la más conveniente por la mayoría? ¿Por qué? ¿Hasta cuándo?      

viernes, 31 de mayo de 2013

Copiar en los exámenes

Carlos Rodríguez Mayo
Casi siempre, al final de cada curso, se plantea el asunto de la trampa. El camino más corto hacia el aprobado, cuando uno no ha hecho el esfuerzo necesario, incluye la estrategia del engaño. Los profesores lo sabemos e intentamos evitarlo. Para ello no tenemos más instrumento que el de la persuasión. Lo empleamos cuando identificamos el problema, señalando que el tramposo no hace trampa al profesor, sino que se enfrenta contra todos, contra sus compañeros en primer lugar y contra la comunidad en general que establece las reglas y acepta el juego limpio. Sin embargo, esta posición tan clara suele ser malinterpretada. Los alumnos suelen defender al infractor y, a veces, también los padres. Entre los profesores hay quien se muestra "realista" y comete el error de decir que "se puede copiar, pero si te pillan..." Si te pillan resulta necesaria una sanción, pero ¿de qué tipo? ¿Se puede quitar al tramposo su derecho a la evaluación? ¿Impedirle el acceso a los parciales comunes anteriores a la prueba final de junio o a la extraordinaria de septiembre? ¿Obligarle a realizar exámenes especiales con preguntas y ejercicios diferentes y con las mayores garantías de aislamiento de sus posibles fuentes de información? Nadie se atrevería hoy a hacerlo sin que antes hubiese sido aprobado el asunto en la programación del departamento, en la Comisión Pedagógica o en el Consejo Escolar del centro. Entonces, ¿se debería tratar el problema como una falta de disciplina? ¿Se debería realizar un expediente al alumno que copia en un examen para información de sus padres y para intentar corregir un comportamiento negativo?
Resulta evidente que en una sociedad que no es capaz de sancionar con justicia al tramposo, la trampa resulta un medio cada vez más útil, cada vez más eficaz. Nuestro problema es que en este país, y justamente por eso, hay cada vez más pícaros y menos honrados y demócratas contribuyentes que exijan que el principio constitucional del mérito y capacidad se plasmen en algo práctico. Actúa en sentido contrario toda una propaganda anarco-marxista que justifica al que roba por ser pobre y al que copia porque no sabe, mientras se criminaliza al rico y al empollón. En un país que carece del contrapeso de la teoría calvinista de la predestinación (teoría que considera el éxito y la riqueza como un bien común), esta propaganda negativa se configura como un grave problema ético y social, un problema que divide y enfrenta innecesariamente, un problema que impide establecer lazos de amistad y de cariño más allá de las propias ideologías, un problema que es tal vez, también, el principal problema de la educación de nuestros hijos.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Pequeños problemas

Carlos Rodríguez Mayo
Hoy en mi clase de 2º de ESO, durante un examen, he tenido una pequeña discusión con un alumno. Él no había escrito ni una línea en la hoja que le había entregado y se encontraba evidentemente aburrido. Yo le había animado a que, si no sabía las preguntas, me contase alguna cosa interesante, pero él no encontraba motivación para hacerlo. Luego le he llamado la atención por bostezar y estirarse de forma pública y notoria, y lo he hecho en voz baja y en privado, para no molestar a sus compañeros. Le he explicado que eso es una falta de educación y que es una convención social aún en uso la de intentar reprimir el impulso de abrir la boca y mostrarla sin recato, salvo en la intimidad del hogar. Él no estaba de acuerdo e insistía en un cansancio, que yo no podía verificar, y volvía a mostrar su campanilla de una forma tan notoria y ostensible que todos los compañeros que le rodeaban se pusieron también a hacerlo en un acto que mostraba por un lado el repudio a la intervención del profesor y por otro un apoyo a la mala educación del alumno. Finalmente, a pesar de que el asunto estaba claro, decidí pensar que la epidemia se estaba extendiendo de forma natural por efecto del contagio e intenté cortar con tan negativa dinámica y salir por la tangente, solicitando que continuara el examen en silencio.
Luego he pensado en lo sucedido y he llegado a la siguiente conclusión: Los profesores ya no podemos enseñar educación. No nos dejan. Tampoco podemos enseñar compostura. Cuando yo reclamo a mis alumnos que cambien su posición sobre el pupitre o que pidan permiso para levantase del asiento o no les doy permiso para ir al baño, me miran como alucinados, como si estuviera traspasando un código de usos intangible y limitando su derecho a estar sentados o tumbados o a moverse libremente en el contexto de la clase. Los derechos, la libertad, se garantizan como es lógico en todo estado democrático, pero no se crea el contrapeso necesario de unas normas de educación o de conducta que se hagan cumplir siempre, sin excepción, porque es bueno que se cumplan, ni una disciplina eficaz, que pueda reprimir su incumplimiento.
Si ésta es la situación en nuestras clases se entiende que haya otros muchos problemas derivados, sobre todo si el saber no es divertido ni interesante, ni está prestigiado socialmente. Cambiar este estado de cosas resulta muy difícil, exige un acuerdo social que es dudoso que una España llena de trincheras ideológicas sea capaz de aceptar en algún momento y unos políticos perspicaces que sepan ver los problemas reales y que intenten acordar con los demás unas medidas que sean capaces de resolverlos. Como nada de esto existe, tendremos que conformarnos.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Elegir una mala ESO bilingüe

Carlos Rodríguez Mayo
Conociendo que soy profesor de instituto, un padre de familia me pregunta acerca de la mejor opción para su hijo. El instituto que le toca es bilingüe, como el nuestro, de manera que existe la posibilidad de elegir. Yo le contesto que, si se conoce el percal, no hay ninguna duda. Siempre hay que elegir la enseñanza bilingüe, pero no porque sea mejor, sino porque esa misma opcionalidad encierra una real clasificación de los alumnos, dado que los más competentes, los más motivados y de mejor comportamiento la eligen, con toda lógica, y dejan, por lo tanto, la formación no bilingüe para los menos competentes, los menos motivados y los de peor comportamiento. 
El que, por la razón señalada, yo recomiende sin dudar la enseñanza bilingüe no quiere decir que ésta sea en sí misma buena y recomendable. Como ya he dicho muchas veces en este blog, y como saben los dirigentes de educación, que callan por motivos políticos, nuestro bilingüismo no funciona. Siendo generosos con él, se podría decir que obtiene resultados magros en el aprendizaje del inglés y, a cambio, provoca un retroceso en las asignaturas que se imparten en el idioma bilingüe, que son las grandes perjudicadas. También son perjudicados los alumnos de los grupos no bilingües y los profesores que dan clase a estos grupos indisciplinados.
Los grandes partidos (PP y PSOE) y los distintos sindicatos saben de esta discriminación y la asumen, pero esperan que la verdad no se extienda, que nadie diga nada, para seguir vendiendo la hermosa palabra en las elecciones. Con este silencio cómplice, ante una verdad que no se evalúa de forma pública y transparente, los que callan se hacen en alguna medida responsables de la degradación del sistema. Por eso yo sigo hablando, aunque me quede sólo: Nuestro bilingüismo es un mal bilingïsmo. El que busca la verdad la encuentra.   

martes, 14 de mayo de 2013

Tres sombreros de copa

Carlos Rodríguez Mayo
El grupo de teatro del IES Ría del Carmen presentó a finales del mes pasado su obra en el Instituto Villajunco, en Santander. Gracias a esto, algunos recordamos los "Tres sombreros de copa" y otros los conocieron por primera vez. Los chicos defendieron sus papeles con toda la energía de su edad y con recursos musicales añadidos sorprendentes. Tengo que felicitarles por ello. La comedia, que describe un mundo triste y oscuro, como el de la época sin libertad en que fue estrenada, aparecía en manos de nuestros jóvenes como una obra renovada, joven y simpática. Como sucedió en eventos semejantes en el pasado, los chavales mostraron su interés por la actividad y se lucieron ante el público. Este año, además, podemos felicitarnos del trabajo de Elena, que ha sido capaz de dar continuidad al colectivo de Freire, para rehacerlo a su forma. Hay que darle las gracias a ella, sobre todo, por el gran trabajo realizado, y no dejar en el olvido las colaboraciones de Gema y David. Desde aquí, quiero infundir a todos ánimo para continuar. Los chicos se lo llevan puesto. Merece la pena.

jueves, 9 de mayo de 2013

Otra huelga más

Carlos Rodríguez Mayo
En esta España en crisis cada vez hacen más daño los descuentos. A mi parecer es esta la razón principal que justifica que el apoyo del profesorado a esta huelga haya sido inferior al de anteriores convocatorias. Algunos de los compañeros que acudieron a su centro de trabajo explicaban que pensaban hacerlo acudiendo a la manifestación. Lo hacían, además, con la conciencia de que su colaboración para hacer triunfar la huelga no resultaba ya imprescindible, dado que la convocatoria del Sindicato de Estudiantes y de las AMPAS  garantizaba la paralización del servicio educativo.
Aunque yo tampoco he hecho la huelga, no ha sido ésta mi opción. Por supuesto que estoy seriamente preocupado por la capacidad adquisitiva de mi salario, máxime cuando en mi caso es la única aportación económica que sostiene mi magra cartilla familiar, pero considerar justa la reivindicación de conservar el nivel adquisitivo de mis ingresos pasados no puede servir para hacer frente común con quienes no reconocen los mismos problemas en el medio laboral.
Como ya he dicho muchas veces en ese blog, los problemas se resumen en la falta de exigencia y de nivel, en la discriminación de alumnos y profesores, que produce nuestro mal bilingüsmo, y en la sumisión del sistema a una legislación cargada de ideología y volcada en la protección del desinterés y la indisciplina. Alguien debería pensar en intentar solucionar estos problemas con una mejor y más justa selección del profesorado, con un buen bilingüismo optativo, a base de más horas de inglés impartidas por verdaderos profesores de inglés y no por habilitados, y con una nueva ley orgánica. Sin embargo a los partidos y a los sindicatos les parece mejor mirar hacia otro lado y no ir al fondo de la cuestión. Con ello, la enseñanza pública continúa degradándose mientras crece la privada. En este proceso, por cierto, la responsabilidad del gobierno no es exclusiva. Después de lo que ha llovido, a los PP y a los PSOE, en el poder o en la oposición, ya no les quitan muchos votos estas huelgas. A veces, por el contrario, las huelgas desahogan los pagos y alivian las arcas vacías, gracias a los descuentos a los huelguistas. Si, además, las AMPAS colaboran mostrando alegría por el triunfo de la "movilización", en vez de solicitar que se corte la huelga cuanto antes, ¿de qué hay que preocuparse? Los chicos hacen novillos, los profesores no trabajan, el gobierno se desgasta y las calles quedan en manos de los sindicatos. Todos contentos...
Esta falta de responsabilidad y de rigor es lo que está hundiendo a este país.  

miércoles, 27 de marzo de 2013

Purgatorio en los recreos

Carlos Rodríguez Mayo
Hay un puñado de profesores en el centro que consideramos que sería muy bueno disponer de un aula para alumnos “castigados” durante los recreos. La dirección y la jefatura de estudios se han comprometido a dirigir un proceso de reflexión y discusión acerca de su virtualidad y en torno a la compleja organización que ésto requeriría.
En una enseñanza en la que los problemas de disciplina no tienen suficiente contrapeso “penal”, es decir, que los elementos de presión capaces de convencer al alumno de la necesidad de cambiar su comportamiento faltan o son muy escasos, resulta normal que todo acabe en palabras, en un intento vano de convencer al infractor, en el que se echan de menos instrumentos de castigo como el que proponemos poner en marcha. Para convencer hacen falta algunas veces medios no argumentales como éste que, además, podrían servir para enseñar a respetar una estricta norma de silencio. El silencio y el trabajo, lo mismo que para los cartujos, sería la penitencia que conduciría, si se respetase, a la redención de la pena, mientras que, si no se respetase, debería conllevar la acumulación de nuevas sanciones. Para ello habría que dotar a este aula de una especial protección en el Reglamento de Régimen Interno e imbuir a los profesores implicados en su vigilancia de una especial atención al cumplimiento de las normas que lleve aparejadas.
En resumen, según mi parecer, si se consiguiera que este nuevo espacio en los recreos asumiera el papel de hacer visible el purgatorio que conduce, bien hacia el cielo de la responsabilidad y del respeto o bien hacia el infierno del castigo merecido y estricto, el aula podría ser muy útil. Veremos.

lunes, 18 de marzo de 2013

Oposiciones

Carlos Rodríguez Mayo
Se habla ahora de que en la Comunidad de Madrid quieren cambiar las reglas del juego de las oposiciones al cuerpo de maestros, porque la mayor parte de los presentados no sabe por qué provincias pasa el río Duero y comete abundantes faltas de ortografía. Los sindicatos, que son los responsables de la transformación del antiguo sistema de acceso, que se basaba en los principios constitucionales del mérito y la capacidad, ya han puesto el grito en el cielo. Con ello se descubre su doble juego, porque los sindicatos siempre defienden al trabajador frente al interés de los parados, aunque en su propaganda digan lo contrario. Gracias a ellos se ha hecho prácticamente imposible sacar una plaza sin ser antes interino. En este sentido, son muchos los compañeros implicados a su pesar en recientes tribunales que han expresado en voz baja su malestar por tener que dejar en el paro a candidatos excelentes, mientras profesores menos preparados o competentes, después de realizar exámenes muy deficientes, sacaban su plaza. 
Ahora, el gobierno de Madrid pretende que sólo se puedan acumular los puntos de la antigüedad como interinos a los examinandos que aprueben el examen, y a mi me parece bien. Me parece una medida necesaria y equilibrada. Y es que hay que pensar primero en los alumnos y hay que seguir el principio constitucional del mérito y capacidad. Sin embargo, el argumento sindical tampoco se debe olvidar. También la experiencia es importante. En resumen, lo mismo que digo siempre. Diálogo y consenso.  

jueves, 14 de marzo de 2013

Excelencia

Carlos Rodríguez Mayo
La Consejería de Educación habla ahora de "Excelencia". Bueno es que se hable de eso, porque con nosotros hay profesores extraordinarios que pasan desapercibidos, incluso para sus alumnos. Mis mejores profesores los he descubierto con el tiempo, gracias a la importancia de lo que me enseñaron. Para los alumnos actuales pasa algo parecido. Difícilmente son capaces de valorar a la persona que tienen delante. Tampoco a los compañeros nos resulta fácil saber quién es quién, de manera que hay una tendencia natural a que fragüe la idea de que todos somos iguales. Sin embargo, lo sabemos, la vida no es así. Cada uno es cada uno. Lo mismo que no hay un alumno igual a otro, los profesores somos especies diferenciadas con historias, competencias y quehaceres distintos.
Gonzalo, por ejemplo, un profesor que se ha pasado la vida dando clases a los alumnos de Camargo, es uno de los profesores más sabios que existen en muchas leguas a la redonda. En Botánica no hay en Cantabria quien tenga un curriculum mejor ni quien manifieste una tendencia más intensa hacia el contacto directo con el medio para el conocimiento exhaustivo de la ecología de las plantas. Él, además, es un amigo excelente y una persona común, alguien que nos enseña que el saber no produce personas distantes y sí personas mejores, más humanas y más abiertas. Su saber podría haber servido para mucho más que para lo que le ha utilizado el Instituto, porque el sistema no sabe juntar el hambre con las ganas de comer, porque el sistema es demasiado rígido. Él es un eminente profesor desaprovechado por esta Enseñanza Media de nuestros pecados que ha visto degradarse año tras año la densidad de los programas y su nivel de exigencia y de saber. Él podría ser también el mejor candidato de nuestro centro a la "Excelencia" que ahora pregona la Consejería. ¿Lo proponemos? 

lunes, 11 de marzo de 2013

Por una evaluación seria del bilingüismo

Carlos Rodríguez Mayo
El gobierno regional, a través de su presidente, se ha hecho eco de un proyecto de remuneración especial para profesores que impartan en inglés su materia, en función de los resultados que obtengan sus alumnos, para no provocar, dicen, injusticias comparativas. 
Después de pensarlo largamente he llegado a la conclusión de que establecer comparaciones entre los distintos profesores en función de los resultados de sus alumnos es una pretensión casi imposible, dada la variedad de los niveles de estos y dado que su medición implica graves problemas (porque habría que evaluar tanto la materia impartida en inglés como el dominio del idioma extranjero), además de que lo evaluado podría verse influenciado por múltiples condicionantes que no sólo dependen del profesor. Sin embargo, también he de decir que dicha pretensión incluye algo positivo: la necesaria evaluación del bilingüismo que o bien no se ha hecho o bien se oculta por motivos inconfesables. 
Cuando Mario Bedera salía de su cargo de Director General del Ministerio de Educación del pasado gobierno del PSOE, dejó caer la especie de que nuestro bilingüismo no funcionaba (Diario Montañés. 1-III-2011). Desde entonces nada ha variado, salvo que cada vez se destinan menos recursos a la enseñanza con lo que resulta imposible que el asunto haya mejorado. Por lo tanto, apostar por mantener el rumbo de nuestros PPLE es continuar en la línea demagógica del gobierno anterior, que vendió como un avance su bilingüismo hasta el final, aunque, repito, si se pretende premiar a los profesores cuyos alumnos progresen más, tendremos por fin algo que vengo solicitando desde hace muchos años: Una evaluación seria de nuestro bilingüismo. Contando con ella podremos valorar mejor los efectos catastróficos que genera una enseñanza en inglés en alumnos que no saben este idioma y en las asignaturas que prescinden o racionan el uso del castellano, así nos enteraremos de la discriminación que se produce entre alumnos y profesores de grupos bilingües y no bilingües, y así llegaremos a la conclusión de que existe otro bilingüismo posible, con profesores de inglés o profesores nativos en horario de tarde para alumnos voluntarios, en el que se podría gastar todo el dinero que se estimase pertinente y que no produciría ningún efecto negativo. 
Por lo tanto, una vez más debo repetir que insistir en este mal biligüismo es dejar que la enseñanza española se deslice por el desagüe hacia las alcantarillas del subdesarrollo. Hay que oponerse a que gobernantes sin ilustración que no saben de lo que hablan ni lo que proponen sigan llevándonos al desastre. Hay que decirles que, antes de dar los pasos que imaginan, evalúen de verdad el sistema para ver cómo los alumnos bilingües no aprenden más inglés (comparensé, por ejemplo, los resultados de inglés en selectividad de los centros bilingües con los no bilingües) y cómo tienden a empeorar los resultados en Lengua Española y en las asignaturas que se imparten en un idioma extranjero.
A mi modo de ver, empeñarse en gastar más para hacer que todo empeore es lo que ahora se propone. Algunos de los que tenemos experiencia en centros bilingües y no tenemos intereses creados en ello sabemos lo que pasa y lo hemos dicho. Yo lo sigo diciendo. Me niego a que los alumnos intenten aprender más inglés a costa de saber menos Historia o menos Ciencias Naturales. No tiremos el dinero ni nos empeñemos en tirar por la borda lo poco que ahora tenemos. Cambiemos de bilingüismo.

jueves, 28 de febrero de 2013

Un mensaje firmado para un profesor anónimo

Carlos Rodríguez Mayo
El anonimato es el comportamiento de los que tiran la piedra y luego esconden la mano. En algunas ocasiones el anonimato se adopta porque se sabe que la acción es delictiva, en otras porque no se quiere asumir la responsabilidad de lo que se hace. Viene esto a cuento por la "ocurrencia jocosa" de añadir los nombres de unos políticos significativos en la derecha de este país, en la lista de los que se sumaban a una comida a la que se invitaba a todos los profesores.
Yo, que me había comprometido a asistir, me he sentido concernido por las consecuencias que se deducen de la acción del anónimo comunicante y quiero ejercer mi derecho a la queja por la bajeza moral que supone semejante comportamiento. Me importa poco saber quién ha sido, pero quiero que sepa su autor que los que hemos acudido a la comida no nos sentimos vinculados por sus groseras apreciaciones. Que sepa también que su actitud es irrespetuosa y antidemocrática, porque democracia es sobre todo responsabilidad, y que, aunque me gustaría saber qué extraños motivos pueden mover a un persona formada, a un profesor de instituto, a protagonizar un papelón tan inconveniente, prefiero que no vuelva a dirigirme la palabra. Aire...          

sábado, 23 de febrero de 2013

Los héroes del consenso

Carlos Rodríguez Mayo
Hoy es 23 de febrero. Una fecha trascendente en nuestra historia en la que unos reaccionarios del ejército y una trama civil, poco conocida aún, intentaron un golpe de estado que, al final, no pudo imponerse al sistema político que combatía: el mismo sistema desgastado y corrupto que ahora en 2013 criticamos, el sistema de partidos que acababa de instaurarse en España y que llamamos democracia.
La democracia, nuestra naciente democracia de entonces, resistió el embate gracias al rey, a Europa y al apoyo que le brindaban nuestra sociedad de clases medias. Sin embargo, los héroes de aquel evento no fueron en realidad verdaderos demócratas y sí dos hombres de la transición, dos personalidades que hicieron carrera con Franco y que aceptaron la necesidad del cambio que el rey proponía e impulsaba. Ellos fueron el ariete contra el que se estrellaron los golpistas, el símbolo de la nueva democracia, la cara de la dignidad frente a la cruz de la fuerza salvaje de las armas.
Yo no era partidario de Suárez. Procedo de una familia republicana que perdió todo su patrimonio por la guerra civil y que supo algo de la cruel humillación que ejercieron los vencedores sobre los vencidos. Tal vez por eso asistí a la retransmisión de lo sucedido en la Carrera de San Jerónimo pensando que una vez más me daban gato por liebre. No era posible, pensaba, que mis héroes, los valientes luchadores de la izquierda, los que habían desafiado las cárceles de Franco y las torturas de la brigada político social se hubiesen escondido bajo sus asientos. Su actitud me recordaba la ilustración de mi libro de texto con los diputados de la primera república saltando por encima de sus asientos del hemiciclo de las Cortes y un comentario que decía: “Los diputados huyendo vergonzosamente durante el golpe de estado de Pavía”.
Ahora, sin embargo, transcurridos ya más de 30 años desde aquello, después de leer a Javier Cercas (“Anatomía de un instante”), he cambiado de opinión. Ahora acepto las insuficiencias de mis líderes de entonces y agradezco a los dos héroes del 23 F que tuvieran los arrestos y el corazón suficiente como para mirar de frente a las balas. Aunque nunca he creído en la dictadura del proletariado, yo tenía entonces mi alma ocupada por la simplista máquina maniquea del sectarismo. Sin embargo ahora, cuando la experiencia ha iluminado mi pensamiento, cuando ya ha pasado el tiempo de la venganza y una crisis bestial lo invade todo, cuando el país demanda profundizar la democracia, la prioridad es para mi la de desarrollar el sentido de la participación y del respeto por la autoridad libremente elegida. Para ello hace falta diálogo y CONSENSO. No podemos permitirnos la burda discrepancia sistemática y la ofensa a la inteligencia (y a las leyes de la economía) de las simplistas proclamas de los partidos y sindicatos. Hacen falta líderes de verdad, como lo fue Suárez entonces, con fuerza e inteligencia para acordar con los contrarios, y una ley que no se imponga por la fuerza y sí por un verdadero consenso entre los partidos mayoritarios. Hacen falta nuevos héroes y un impulso por nuestra parte.
Dejar las cosas como están es dejar los graves problemas que padecemos hoy sin solucionar. Para solucionarlos unos buscan la revolución y otros pedimos el consenso. La mayoría, creo, preferiría un nuevo consenso profundo y verdaderamente democrático. Hay que pedir el consenso.  

martes, 19 de febrero de 2013

Para aprender hay que querer saber

Carlos Rodríguez Mayo
Le he estado dando muchas vueltas a la idea de que los directores se ocupen especialmente de la competencia comunicativa. Ellos han pensado que ahí estaba la base del problema, pero se han quedado cortos. Lo he comentado con algunos compañeros y casi todos hemos llegado finalmente a la conclusión de que los directores no dan clase a los alumnos no bilingües del primer ciclo de la ESO. Si lo hicieran se darían cuenta de que hay otro problema aún más grave y más común, el problema de cambiar el comportamiento de los que no quieren saber nada de lo que les cuentan sus profesores. El problema fundamental del sistema es éste. Según mi punto de vista, cada año el comportamiento de la clientela es más distante, más obstruccionista, más despreciativo hacia la labor del profesor. Cada año aprender resulta menos interesante para una parte de los alumnos. ¿Saben por qué sucede ésto? Pues porque cada vez se valora menos a quien sabe de lo que habla, a quien estudia, porque en esta sociedad del cotilleo y de la basura televisiva se tiende a poner en el mismo nivel al ignorante que al sabio, porque en un mundo materialista hay un gran déficit en la valoración de nuestra actividad (como resulta absolutamente explícito en la falta de reacción social ante las huelgas), porque la frecuente exhibición de la ignorancia y la cutrez de los adultos acaba justificando el desprecio manifiesto hacia el saber de muchos chicos y porque a los políticos sólo les interesa la enseñanza si da votos. Los profesores no podemos soportar esta defectuosa construcción en exclusiva. Nosotros poco podemos hacer sin la voluntad de nuestros alumnos. En su voluntad influye más la baja valoración social de lo que hacemos y el escaso respeto hacia nuestra función que todo lo que podamos contarles. Si los padres entran en el juego de poner en duda la labor de los profesores, si los directores miran hacia otro lado y plantean el asunto como un problema pedagógico y no de cultura social, los alumnos seguirán poniendo a prueba al sistema y continuarán produciendo su degradación sin ningún coste. Y es que no es posible comunicarse con quien no quiere escucharte, con quien no quiere nada de ti, porque piensa que no tienes nada que pueda interesarle.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Las redes sociales y la competencia comunicativa

Carlos Rodríguez Mayo
En la última reunión de la CCP, siguiendo el signo de una preocupación de las altas esferas, los jefes de departamento hemos asumido la obligación de realizar una reflexión sobre la competencia comunicativa en Lengua Castellana. Resulta evidente la necesidad de esta reflexión por los malos resultados de los institutos españoles en PISA y de nuestro instituto en particular en las evaluaciones diagnóstico realizadas. Para centrar el problema habría que preguntarse sobre ¿qué es lo que está fallando? y sobre el ¿cómo podríamos solucionarlo? Sin embargo no tenemos apenas información relevante. Yo tampoco la tengo, aunque sí que me gustaría introducir una hipótesis relacionada con la supuesta influencia de los móviles y de las redes sociales en el comportamiento lector y escrito de nuestros alumnos. A mi modo de ver es posible que parte de lo que está pasando no tenga que ver con un descenso real en la competencia de nuestros alumnos y sí con unos hábitos sociales deficientes. Según mi punto de vista, las redes sociales podrían influir en que los alumnos de hoy usen más que los de la generación de sus padres de la lectura y de la escritura. Este uso mayor no implicaría, sin embargo, un uso mejor, y sí una menor profundidad y reflexión. La comunicación resultaría hoy más superficial y con un nivel de incorrección sintáctico y ortográfico mucho mayor. En internet, por ejemplo, contrasta el comportamiento de una persona de edad, que lee todo lo que tiene delante y piensa antes de actuar, con la selección de los contenidos de los jóvenes, que antes de pasar a intentar comprender al emisor, valoran la utilidad del conjunto de un vistazo y la rechazan con rapidez si no les interesa... Pues bien, se me ocurre que algo análogo sucede en nuestras clases. Los alumnos no se toman el tiempo necesario para entender nuestros mensajes orales o escritos, no leen los enunciados de nuestros problemas ni lo que dicen los textos. Actúan como ante su teléfono u ordenador. Creen que el profesor o el compañero es como la máquina que tiene entre sus manos que obedece de forma continua a sus impulsos. Esperan que todo fluya a su alrededor y no saben ajustar su ritmo al de la clase. Los profesores percibimos que los alumnos cada vez preguntan más y cada vez atienden menos a las instrucciones formales que les proponemos. Todo resulta cada vez más desorganizado. Su comunicación oral suele carecer de análisis y de argumentación. Su comportamiento tiende a ser más irreflexivo y su expresión más primaria. Como profesor es fácil percibir que los alumnos rechazan los textos largos. Los rechazan como rechazan este sistema educativo que les ha descargado de una parte importante de la responsabilidad sobre su propio aprendizaje para echarla sobre las espaldas de profesores y padres. En consecuencia, el problema de la competencia comunicativa es tal vez un problema de hábitos sociales más que de hábitos comunicativos, un problema de ritmo de trabajo y de esfuerzo personal, de manera que su solución no está sólo en la creación o en el cultivo de nuevos hábitos de expresión y de lectura. La solución, en efecto, está también en las medidas correctoras del comportamiento que sean capaces de romper con esta especie de autismo social que las redes sociales están multiplicando, medidas que pasan necesariamente por la promoción del papel director del profesor, que es el único que puede proponer unas reglas de juego y un ritmo común a la expresión oral y escrita de sus alumnos.

miércoles, 6 de febrero de 2013

La guerra de las palabras

Carlos Rodríguez Mayo
Entender que lo que ayer llamé novillos es una huelga, tal y como proclaman el sindicato de estudiantes y todos los medios de comunicación, es el punto de partida de la victoria de los convocantes y la derrota sin paliativos de los que nos oponemos a esta manipulación. El gobierno socialista que promulgó la ley que permite el procedimiento de inasistencia colectiva, se libró muy mucho de llamar huelga a esto. Pues bien, a pesar de ello, todos, incluído yo mismo, hablamos de la huelga de los alumnos, para entendernos.
La trampa de la palabra es enorme porque dota a los que siguen las convocatorias de un sentido reivindicativo, cargado de romanticismo, que resulta un acicate en una fase de la vida en la que los chicos quieren ser mayores. Contando con ello, en cuanto rozan un poco esta idea, los muchachos utilizan casi siempre este argumento político para justificarse, encubriendo al mismo tiempo otras intenciones que resultan mucho más eficaces, como son la de conseguir una menor dimensión de los temarios en el siguiente examen o la de disfrutar de unas vacaciones imprevistas. Ante la situación que se crea, yo les digo que hay que ser responsables y que ésto no es en sentido estricto una huelga (que es un derecho que los trabajadores ejercen mientras pierden su salario), que sería más apropiado llamarlo "vacaciones o novillos sindicales", que si esto fuese una huelga se confundiría a los cuerpos docentes con los cuerpos represivos o con la clase burguesa de los empresarios, propietarios de los medios de producción, y se olvidaría que, además de asalariados, los profesores somos una fuente imprescindible y muy costosa de conocimiento, que pagamos todos con nuestros impuestos. Les digo que no es lo mismo tener 200 días de clase que 150 y que no rellenar las aulas es dejar que sigamos cayendo hacia abajo en Pisa, lo mismo que los objetos que lanzaba Galileo para estudiar la gravedad.
Por eso, lo primero que habría que hacer para restablecer el equilibrio sería combatir a la palabra. Luchar contra el término huelga y buscar un sustituto razonable. Si no empezamos por ahí, mal andamos.

lunes, 4 de febrero de 2013

Nueva huelga de estudiantes

Carlos Rodríguez Mayo
El sindicato de estudiantes ataca de nuevo y no creo que este año sea la última vez que lo haga. Razones para revolverse, razones para la discrepancia siempre las hay, y más en tiempos difíciles como éstos, pero de eso a tener que aceptar la amenaza de este mínimo grupo de estudiantes universitarios que movilizan sin coste alguno a toda la enseñanza media dos o tres veces al año hay cierta distancia.
Se ha dicho ya de cien formas diferentes que la huelga es un derecho que asiste a los trabajadores, pero es una encomienda imposible explicar a los adolescentes que hacer huelga no es lo mismo que hacer novillos, que es lo que acaban haciendo en su inmensa mayor parte. La responsabilidad de su asistencia, además, no debiera de ser nunca suya, porque son menores de edad. Es por esto que yo pienso que la huelga en enseñanzas medias, si es en verdad necesaria,  no debiera de ser convocada por el Sindicato de Estudiantes y sí por las AMPA de los centros. Por otra parte me parece que el asunto se comenta y se discute de forma incorrecta. En el caso de que haya huelga, no creo que se deba discutir de si ésta triunfa o no (que siempre triunfa), y sí de si se puede impedir que se manipule a los jóvenes. Lo que yo quiero decir es que bajar la cabeza ante la media docena de sindicalistas universitarios que convocan estas "huelgas" es una gran irresponsabilidad por parte de los partidos que los mantienen, por parte de los partidos que lo toleran, por parte de los padres y profesores, que se lavan las manos, y por parte de los equipos directivos que no asumen su responsabilidad de evitar que lo que sucede se repita una y otra vez.
¿Han oído ustedes alguna valoración de lo que se pierde en dinero, en conocimiento y en prestigio institucional por estas huelgas para cuya convocatoria basta con una rueda de prensa? ¿Han oído ustedes alguna idea para intentar regular el asunto e impedir la manipulación de tantos miles de muchachos? Pues de eso, también, somos responsables. Los alumnos de nuestros institutos no organizan huelgas si no es por causas concretas y muy próximas, con nombres y apellidos. Ellos no son aún adultos. Prefieren, como sus profesores, no tener clase a tenerla, y utilizan la convocatoria de huelga para no asistir. Frente a ellos, el sistema con los profesores, los padres y los poderes políticos debería actuar responsablemente para que no se dilapide el esfuerzo y el dinero que a todos nos cuesta ésto. Sin embargo, el sistema no lo hace. Vemos pasar ante nosotros la misma historia cada año y seguimos sin decir nada. El sistema no denuncia, no sanciona. Se inhibe a pesar del enorme coste y a pesar de los abusos que ocasiona. El silencio ante algo que es tan claro me parece una actitud culpable. Mi consejo es sencillo de entender y creo que es muy democrático. Dejemos a los sindicalistas universitarios que movilicen a sus compañeros de estudios en sus facultades e impidamos los multitudinarios novillos de los niños y muchachos de nuestras enseñanzas medias.

miércoles, 30 de enero de 2013

La historia del ratón

David Loyo Pérez
Me pide mi compañero Carlos que escriba sobre un trágico suceso acaecido hace algunos días en el instituto y que se refiere a la muerte de un ratoncillo.
No me pregunten por su biografía. Poco es lo que puedo aportar. Quizá algo de sus últimos momentos. No sé qué día ni qué año, aunque presupongo que no hace mucho, ese ratoncillo, ese Mus musculus, se instaló en una de las dependencias del centro para pasar allí unas confortables vacaciones. Desconocía el pobre ratón, sin embargo, la trampa que se le había tendido. Quizá estaba escrito desde la eternidad en el destino de nuestro minúsculo roedor, para su desventura, que terminaría cayendo fatalmente en ella. Y así fue.
Todo sucedió entre las 8.20 y las 9.15 de la mañana. Cuando me lo dijeron, me presté a ver la escena, y descubrí para mi sorpresa que, aunque las puertas del Cielo de los Animales -que estoy seguro que existe- habían empezado a abrirse ante sus negros y minúsculos ojos. Quizá no era demasiado tarde y el umbral definitivo no había sido traspasado... “Tal vez”, pensé, “exista un tal vez”. Sin considerar las escasas posibilidades, lo despegué de la pegajosa trampa y acudí, tan raudo como pude, en busca de ayuda.
Detallo a continuación cómo fueron mis últimos momentos con él: “Saqué a Gonzalo de clase y metimos al ratoncillo en un recipiente con agua caliente que nos ofreció Begoña. Después, empecé a removerlo en el sentido de las agujas del reloj y en el contrario, asegurándome de que su cabecilla permaneciese siempre fuera. A continuación, pa' potenciar el efecto lavado, añadimos al agua un poco de jabón de baño que buenamente pude obtener en el excusado, mientras continuaba removiendo ahí bien el asunto para eliminar el pegamento. Con ello el ratón pareció conseguir cierta movilidad, aunque el futuro, aun iluminado ahora con una tenue luz, se mostraba todavía muy negro. Sin embargo, nada se pudo hacer, pues acaeció entonces uno de esos tristes giros del destino: el timbre sonó y me tuve que marchar a clase.
Los sucesos posteriores son confusos, pues, pese a que dejé tácitas recomendaciones en cuanto al procedimiento que consideraba más oportuno seguir, creo que mis consejos no fueron bien escuchados. El ratón pasó del caldarium al tepidarium, y de éste al frigidarium. Alguien lo envolvió en una servilleta al estilo “momia” y trajo unas hierbas que le puso por encima, sin tener yo todavía muy claro con qué finalidad.”
El lamentable resultado fue el fallecimiento del ratón, que fue inhumado en una fosa de la que ninguna lápida marca el lugar. Ahora este pobre roedor forma parte del humus del suelo.
Conviene, llegados a este punto, recordarlo: Pulvis es et in pulverum reverteris (Génesis 3, 19).
Insignificante suceso, pensarán muchos. Y tal vez lo sea. Pero, ¿a caso crees que tu destino será muy diferente? ¿Qué el porvenir te depara algo distinto? ¿Y si él fuese tú y tú fueses él? Entonces, ¿qué?

lunes, 28 de enero de 2013

Desalojo educativo

Carlos Rodríguez Mayo
Desconozco de quien es la responsabilidad de establecer el plan de desalojo del instituto ni lo que se evalúa realmente en el ensayo anual. Lo único que sé es que cada año se reproduce la historia. Un ejercicio improvisado que nos conduce al patio entre el cachondeo mordaz de los alumnos. 
Es verdad que la seguridad es importante, y que eso exige una cierta planificación y una práctica. El problema es que esa práctica debería de estar regida por la racionalidad de un plan, cuyas características intento ahora reconstruir en función del ejercicio de este año.
Estas son mis deducciones: El desalojo se ha basado en la conducción de todos los alumnos hacia las puertas de las dos alas más externas, hacia dos puertas que están casi siempre cerradas y que han de ser abiertas por los bedeles tan rápido como sea posible. Deduzco que la eliminación de la salida por el ala tercera, la de la biblioteca, se basa en intentar evitar la fuente mayor de riesgo, que es la de la caldera de la calefacción, lo cual me parece lógico; sin embargo no entiendo muy bien las razones por las que la puerta principal, que es la entrada y la salida natural del instituto, lo mismo que la puerta al "jardín de Europa", han sido marginadas del ejercicio. Me dicen que la razón de esto último es que la puerta principal se reserva a los bomberos, pero yo creo que es muy difícil que el desalojo y los bomberos lleguen a coincidir. A mi parecer estas puertas podrían abrirse antes que las otras dos, porque están más cerca de los bedeles, que son los que tienen las llaves, y porque hay un mando a distancia que no existe en las dos puertas del ejercicio de este año. Integrando las dos puertas del hall central no sólo se haría más improbable el fracaso, sino que además se podría acelerar la salida, en el caso de que se condujese a los alumnos del segundo piso hacia éstas.  
En otro orden de cosas, el desalojo plantea cada año un problema más complejo, el de su contradicción con el problema generado por el cierre de las puertas. El cierre de todas puertas supone transformar al centro en una verdadera ratonera ante un posible accidente interior y supone entender que el riesgo está fuera, dado que el instituto se cierra para protegerse del exterior. Con el desalojo, de pronto, todo cambia. Como por arte de magia, el riesgo deja de estar fuera y está ahora dentro. Los alumnos se dejan conducir muy divertidos. Hacen chistes sabedores de que es sólo un simulacro y de que nuestra actuación es contradictoria. 
Ante este estado de cosas en el que todos, alumnos y profesores, nos dejamos dirigir sin saber hacia dónde ni por qué, no estaría de más el que alguien hiciera públicos, también, los presupuestos lógicos en los que se basa el plan y que en ese acto hubiese espacio para poner en cuestión su racionalidad. De este modo, se podría explicar la importancia del ejercicio y pedir la colaboración de todos. Si, además, el simulacro se anunciase de antemano, se podría preparar mejor la estrategia, se podría priorizar, y la lógica aplicada transformaría el desalojo en lo que debería de ser en todo caso: Un acto educativo más.