jueves, 9 de mayo de 2013

Otra huelga más

Carlos Rodríguez Mayo
En esta España en crisis cada vez hacen más daño los descuentos. A mi parecer es esta la razón principal que justifica que el apoyo del profesorado a esta huelga haya sido inferior al de anteriores convocatorias. Algunos de los compañeros que acudieron a su centro de trabajo explicaban que pensaban hacerlo acudiendo a la manifestación. Lo hacían, además, con la conciencia de que su colaboración para hacer triunfar la huelga no resultaba ya imprescindible, dado que la convocatoria del Sindicato de Estudiantes y de las AMPAS  garantizaba la paralización del servicio educativo.
Aunque yo tampoco he hecho la huelga, no ha sido ésta mi opción. Por supuesto que estoy seriamente preocupado por la capacidad adquisitiva de mi salario, máxime cuando en mi caso es la única aportación económica que sostiene mi magra cartilla familiar, pero considerar justa la reivindicación de conservar el nivel adquisitivo de mis ingresos pasados no puede servir para hacer frente común con quienes no reconocen los mismos problemas en el medio laboral.
Como ya he dicho muchas veces en ese blog, los problemas se resumen en la falta de exigencia y de nivel, en la discriminación de alumnos y profesores, que produce nuestro mal bilingüsmo, y en la sumisión del sistema a una legislación cargada de ideología y volcada en la protección del desinterés y la indisciplina. Alguien debería pensar en intentar solucionar estos problemas con una mejor y más justa selección del profesorado, con un buen bilingüismo optativo, a base de más horas de inglés impartidas por verdaderos profesores de inglés y no por habilitados, y con una nueva ley orgánica. Sin embargo a los partidos y a los sindicatos les parece mejor mirar hacia otro lado y no ir al fondo de la cuestión. Con ello, la enseñanza pública continúa degradándose mientras crece la privada. En este proceso, por cierto, la responsabilidad del gobierno no es exclusiva. Después de lo que ha llovido, a los PP y a los PSOE, en el poder o en la oposición, ya no les quitan muchos votos estas huelgas. A veces, por el contrario, las huelgas desahogan los pagos y alivian las arcas vacías, gracias a los descuentos a los huelguistas. Si, además, las AMPAS colaboran mostrando alegría por el triunfo de la "movilización", en vez de solicitar que se corte la huelga cuanto antes, ¿de qué hay que preocuparse? Los chicos hacen novillos, los profesores no trabajan, el gobierno se desgasta y las calles quedan en manos de los sindicatos. Todos contentos...
Esta falta de responsabilidad y de rigor es lo que está hundiendo a este país.  

miércoles, 27 de marzo de 2013

Purgatorio en los recreos

Carlos Rodríguez Mayo
Hay un puñado de profesores en el centro que consideramos que sería muy bueno disponer de un aula para alumnos “castigados” durante los recreos. La dirección y la jefatura de estudios se han comprometido a dirigir un proceso de reflexión y discusión acerca de su virtualidad y en torno a la compleja organización que ésto requeriría.
En una enseñanza en la que los problemas de disciplina no tienen suficiente contrapeso “penal”, es decir, que los elementos de presión capaces de convencer al alumno de la necesidad de cambiar su comportamiento faltan o son muy escasos, resulta normal que todo acabe en palabras, en un intento vano de convencer al infractor, en el que se echan de menos instrumentos de castigo como el que proponemos poner en marcha. Para convencer hacen falta algunas veces medios no argumentales como éste que, además, podrían servir para enseñar a respetar una estricta norma de silencio. El silencio y el trabajo, lo mismo que para los cartujos, sería la penitencia que conduciría, si se respetase, a la redención de la pena, mientras que, si no se respetase, debería conllevar la acumulación de nuevas sanciones. Para ello habría que dotar a este aula de una especial protección en el Reglamento de Régimen Interno e imbuir a los profesores implicados en su vigilancia de una especial atención al cumplimiento de las normas que lleve aparejadas.
En resumen, según mi parecer, si se consiguiera que este nuevo espacio en los recreos asumiera el papel de hacer visible el purgatorio que conduce, bien hacia el cielo de la responsabilidad y del respeto o bien hacia el infierno del castigo merecido y estricto, el aula podría ser muy útil. Veremos.

lunes, 18 de marzo de 2013

Oposiciones

Carlos Rodríguez Mayo
Se habla ahora de que en la Comunidad de Madrid quieren cambiar las reglas del juego de las oposiciones al cuerpo de maestros, porque la mayor parte de los presentados no sabe por qué provincias pasa el río Duero y comete abundantes faltas de ortografía. Los sindicatos, que son los responsables de la transformación del antiguo sistema de acceso, que se basaba en los principios constitucionales del mérito y la capacidad, ya han puesto el grito en el cielo. Con ello se descubre su doble juego, porque los sindicatos siempre defienden al trabajador frente al interés de los parados, aunque en su propaganda digan lo contrario. Gracias a ellos se ha hecho prácticamente imposible sacar una plaza sin ser antes interino. En este sentido, son muchos los compañeros implicados a su pesar en recientes tribunales que han expresado en voz baja su malestar por tener que dejar en el paro a candidatos excelentes, mientras profesores menos preparados o competentes, después de realizar exámenes muy deficientes, sacaban su plaza. 
Ahora, el gobierno de Madrid pretende que sólo se puedan acumular los puntos de la antigüedad como interinos a los examinandos que aprueben el examen, y a mi me parece bien. Me parece una medida necesaria y equilibrada. Y es que hay que pensar primero en los alumnos y hay que seguir el principio constitucional del mérito y capacidad. Sin embargo, el argumento sindical tampoco se debe olvidar. También la experiencia es importante. En resumen, lo mismo que digo siempre. Diálogo y consenso.  

jueves, 14 de marzo de 2013

Excelencia

Carlos Rodríguez Mayo
La Consejería de Educación habla ahora de "Excelencia". Bueno es que se hable de eso, porque con nosotros hay profesores extraordinarios que pasan desapercibidos, incluso para sus alumnos. Mis mejores profesores los he descubierto con el tiempo, gracias a la importancia de lo que me enseñaron. Para los alumnos actuales pasa algo parecido. Difícilmente son capaces de valorar a la persona que tienen delante. Tampoco a los compañeros nos resulta fácil saber quién es quién, de manera que hay una tendencia natural a que fragüe la idea de que todos somos iguales. Sin embargo, lo sabemos, la vida no es así. Cada uno es cada uno. Lo mismo que no hay un alumno igual a otro, los profesores somos especies diferenciadas con historias, competencias y quehaceres distintos.
Gonzalo, por ejemplo, un profesor que se ha pasado la vida dando clases a los alumnos de Camargo, es uno de los profesores más sabios que existen en muchas leguas a la redonda. En Botánica no hay en Cantabria quien tenga un curriculum mejor ni quien manifieste una tendencia más intensa hacia el contacto directo con el medio para el conocimiento exhaustivo de la ecología de las plantas. Él, además, es un amigo excelente y una persona común, alguien que nos enseña que el saber no produce personas distantes y sí personas mejores, más humanas y más abiertas. Su saber podría haber servido para mucho más que para lo que le ha utilizado el Instituto, porque el sistema no sabe juntar el hambre con las ganas de comer, porque el sistema es demasiado rígido. Él es un eminente profesor desaprovechado por esta Enseñanza Media de nuestros pecados que ha visto degradarse año tras año la densidad de los programas y su nivel de exigencia y de saber. Él podría ser también el mejor candidato de nuestro centro a la "Excelencia" que ahora pregona la Consejería. ¿Lo proponemos? 

lunes, 11 de marzo de 2013

Por una evaluación seria del bilingüismo

Carlos Rodríguez Mayo
El gobierno regional, a través de su presidente, se ha hecho eco de un proyecto de remuneración especial para profesores que impartan en inglés su materia, en función de los resultados que obtengan sus alumnos, para no provocar, dicen, injusticias comparativas. 
Después de pensarlo largamente he llegado a la conclusión de que establecer comparaciones entre los distintos profesores en función de los resultados de sus alumnos es una pretensión casi imposible, dada la variedad de los niveles de estos y dado que su medición implica graves problemas (porque habría que evaluar tanto la materia impartida en inglés como el dominio del idioma extranjero), además de que lo evaluado podría verse influenciado por múltiples condicionantes que no sólo dependen del profesor. Sin embargo, también he de decir que dicha pretensión incluye algo positivo: la necesaria evaluación del bilingüismo que o bien no se ha hecho o bien se oculta por motivos inconfesables. 
Cuando Mario Bedera salía de su cargo de Director General del Ministerio de Educación del pasado gobierno del PSOE, dejó caer la especie de que nuestro bilingüismo no funcionaba (Diario Montañés. 1-III-2011). Desde entonces nada ha variado, salvo que cada vez se destinan menos recursos a la enseñanza con lo que resulta imposible que el asunto haya mejorado. Por lo tanto, apostar por mantener el rumbo de nuestros PPLE es continuar en la línea demagógica del gobierno anterior, que vendió como un avance su bilingüismo hasta el final, aunque, repito, si se pretende premiar a los profesores cuyos alumnos progresen más, tendremos por fin algo que vengo solicitando desde hace muchos años: Una evaluación seria de nuestro bilingüismo. Contando con ella podremos valorar mejor los efectos catastróficos que genera una enseñanza en inglés en alumnos que no saben este idioma y en las asignaturas que prescinden o racionan el uso del castellano, así nos enteraremos de la discriminación que se produce entre alumnos y profesores de grupos bilingües y no bilingües, y así llegaremos a la conclusión de que existe otro bilingüismo posible, con profesores de inglés o profesores nativos en horario de tarde para alumnos voluntarios, en el que se podría gastar todo el dinero que se estimase pertinente y que no produciría ningún efecto negativo. 
Por lo tanto, una vez más debo repetir que insistir en este mal biligüismo es dejar que la enseñanza española se deslice por el desagüe hacia las alcantarillas del subdesarrollo. Hay que oponerse a que gobernantes sin ilustración que no saben de lo que hablan ni lo que proponen sigan llevándonos al desastre. Hay que decirles que, antes de dar los pasos que imaginan, evalúen de verdad el sistema para ver cómo los alumnos bilingües no aprenden más inglés (comparensé, por ejemplo, los resultados de inglés en selectividad de los centros bilingües con los no bilingües) y cómo tienden a empeorar los resultados en Lengua Española y en las asignaturas que se imparten en un idioma extranjero.
A mi modo de ver, empeñarse en gastar más para hacer que todo empeore es lo que ahora se propone. Algunos de los que tenemos experiencia en centros bilingües y no tenemos intereses creados en ello sabemos lo que pasa y lo hemos dicho. Yo lo sigo diciendo. Me niego a que los alumnos intenten aprender más inglés a costa de saber menos Historia o menos Ciencias Naturales. No tiremos el dinero ni nos empeñemos en tirar por la borda lo poco que ahora tenemos. Cambiemos de bilingüismo.

jueves, 28 de febrero de 2013

Un mensaje firmado para un profesor anónimo

Carlos Rodríguez Mayo
El anonimato es el comportamiento de los que tiran la piedra y luego esconden la mano. En algunas ocasiones el anonimato se adopta porque se sabe que la acción es delictiva, en otras porque no se quiere asumir la responsabilidad de lo que se hace. Viene esto a cuento por la "ocurrencia jocosa" de añadir los nombres de unos políticos significativos en la derecha de este país, en la lista de los que se sumaban a una comida a la que se invitaba a todos los profesores.
Yo, que me había comprometido a asistir, me he sentido concernido por las consecuencias que se deducen de la acción del anónimo comunicante y quiero ejercer mi derecho a la queja por la bajeza moral que supone semejante comportamiento. Me importa poco saber quién ha sido, pero quiero que sepa su autor que los que hemos acudido a la comida no nos sentimos vinculados por sus groseras apreciaciones. Que sepa también que su actitud es irrespetuosa y antidemocrática, porque democracia es sobre todo responsabilidad, y que, aunque me gustaría saber qué extraños motivos pueden mover a un persona formada, a un profesor de instituto, a protagonizar un papelón tan inconveniente, prefiero que no vuelva a dirigirme la palabra. Aire...          

sábado, 23 de febrero de 2013

Los héroes del consenso

Carlos Rodríguez Mayo
Hoy es 23 de febrero. Una fecha trascendente en nuestra historia en la que unos reaccionarios del ejército y una trama civil, poco conocida aún, intentaron un golpe de estado que, al final, no pudo imponerse al sistema político que combatía: el mismo sistema desgastado y corrupto que ahora en 2013 criticamos, el sistema de partidos que acababa de instaurarse en España y que llamamos democracia.
La democracia, nuestra naciente democracia de entonces, resistió el embate gracias al rey, a Europa y al apoyo que le brindaban nuestra sociedad de clases medias. Sin embargo, los héroes de aquel evento no fueron en realidad verdaderos demócratas y sí dos hombres de la transición, dos personalidades que hicieron carrera con Franco y que aceptaron la necesidad del cambio que el rey proponía e impulsaba. Ellos fueron el ariete contra el que se estrellaron los golpistas, el símbolo de la nueva democracia, la cara de la dignidad frente a la cruz de la fuerza salvaje de las armas.
Yo no era partidario de Suárez. Procedo de una familia republicana que perdió todo su patrimonio por la guerra civil y que supo algo de la cruel humillación que ejercieron los vencedores sobre los vencidos. Tal vez por eso asistí a la retransmisión de lo sucedido en la Carrera de San Jerónimo pensando que una vez más me daban gato por liebre. No era posible, pensaba, que mis héroes, los valientes luchadores de la izquierda, los que habían desafiado las cárceles de Franco y las torturas de la brigada político social se hubiesen escondido bajo sus asientos. Su actitud me recordaba la ilustración de mi libro de texto con los diputados de la primera república saltando por encima de sus asientos del hemiciclo de las Cortes y un comentario que decía: “Los diputados huyendo vergonzosamente durante el golpe de estado de Pavía”.
Ahora, sin embargo, transcurridos ya más de 30 años desde aquello, después de leer a Javier Cercas (“Anatomía de un instante”), he cambiado de opinión. Ahora acepto las insuficiencias de mis líderes de entonces y agradezco a los dos héroes del 23 F que tuvieran los arrestos y el corazón suficiente como para mirar de frente a las balas. Aunque nunca he creído en la dictadura del proletariado, yo tenía entonces mi alma ocupada por la simplista máquina maniquea del sectarismo. Sin embargo ahora, cuando la experiencia ha iluminado mi pensamiento, cuando ya ha pasado el tiempo de la venganza y una crisis bestial lo invade todo, cuando el país demanda profundizar la democracia, la prioridad es para mi la de desarrollar el sentido de la participación y del respeto por la autoridad libremente elegida. Para ello hace falta diálogo y CONSENSO. No podemos permitirnos la burda discrepancia sistemática y la ofensa a la inteligencia (y a las leyes de la economía) de las simplistas proclamas de los partidos y sindicatos. Hacen falta líderes de verdad, como lo fue Suárez entonces, con fuerza e inteligencia para acordar con los contrarios, y una ley que no se imponga por la fuerza y sí por un verdadero consenso entre los partidos mayoritarios. Hacen falta nuevos héroes y un impulso por nuestra parte.
Dejar las cosas como están es dejar los graves problemas que padecemos hoy sin solucionar. Para solucionarlos unos buscan la revolución y otros pedimos el consenso. La mayoría, creo, preferiría un nuevo consenso profundo y verdaderamente democrático. Hay que pedir el consenso.  

martes, 19 de febrero de 2013

Para aprender hay que querer saber

Carlos Rodríguez Mayo
Le he estado dando muchas vueltas a la idea de que los directores se ocupen especialmente de la competencia comunicativa. Ellos han pensado que ahí estaba la base del problema, pero se han quedado cortos. Lo he comentado con algunos compañeros y casi todos hemos llegado finalmente a la conclusión de que los directores no dan clase a los alumnos no bilingües del primer ciclo de la ESO. Si lo hicieran se darían cuenta de que hay otro problema aún más grave y más común, el problema de cambiar el comportamiento de los que no quieren saber nada de lo que les cuentan sus profesores. El problema fundamental del sistema es éste. Según mi punto de vista, cada año el comportamiento de la clientela es más distante, más obstruccionista, más despreciativo hacia la labor del profesor. Cada año aprender resulta menos interesante para una parte de los alumnos. ¿Saben por qué sucede ésto? Pues porque cada vez se valora menos a quien sabe de lo que habla, a quien estudia, porque en esta sociedad del cotilleo y de la basura televisiva se tiende a poner en el mismo nivel al ignorante que al sabio, porque en un mundo materialista hay un gran déficit en la valoración de nuestra actividad (como resulta absolutamente explícito en la falta de reacción social ante las huelgas), porque la frecuente exhibición de la ignorancia y la cutrez de los adultos acaba justificando el desprecio manifiesto hacia el saber de muchos chicos y porque a los políticos sólo les interesa la enseñanza si da votos. Los profesores no podemos soportar esta defectuosa construcción en exclusiva. Nosotros poco podemos hacer sin la voluntad de nuestros alumnos. En su voluntad influye más la baja valoración social de lo que hacemos y el escaso respeto hacia nuestra función que todo lo que podamos contarles. Si los padres entran en el juego de poner en duda la labor de los profesores, si los directores miran hacia otro lado y plantean el asunto como un problema pedagógico y no de cultura social, los alumnos seguirán poniendo a prueba al sistema y continuarán produciendo su degradación sin ningún coste. Y es que no es posible comunicarse con quien no quiere escucharte, con quien no quiere nada de ti, porque piensa que no tienes nada que pueda interesarle.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Las redes sociales y la competencia comunicativa

Carlos Rodríguez Mayo
En la última reunión de la CCP, siguiendo el signo de una preocupación de las altas esferas, los jefes de departamento hemos asumido la obligación de realizar una reflexión sobre la competencia comunicativa en Lengua Castellana. Resulta evidente la necesidad de esta reflexión por los malos resultados de los institutos españoles en PISA y de nuestro instituto en particular en las evaluaciones diagnóstico realizadas. Para centrar el problema habría que preguntarse sobre ¿qué es lo que está fallando? y sobre el ¿cómo podríamos solucionarlo? Sin embargo no tenemos apenas información relevante. Yo tampoco la tengo, aunque sí que me gustaría introducir una hipótesis relacionada con la supuesta influencia de los móviles y de las redes sociales en el comportamiento lector y escrito de nuestros alumnos. A mi modo de ver es posible que parte de lo que está pasando no tenga que ver con un descenso real en la competencia de nuestros alumnos y sí con unos hábitos sociales deficientes. Según mi punto de vista, las redes sociales podrían influir en que los alumnos de hoy usen más que los de la generación de sus padres de la lectura y de la escritura. Este uso mayor no implicaría, sin embargo, un uso mejor, y sí una menor profundidad y reflexión. La comunicación resultaría hoy más superficial y con un nivel de incorrección sintáctico y ortográfico mucho mayor. En internet, por ejemplo, contrasta el comportamiento de una persona de edad, que lee todo lo que tiene delante y piensa antes de actuar, con la selección de los contenidos de los jóvenes, que antes de pasar a intentar comprender al emisor, valoran la utilidad del conjunto de un vistazo y la rechazan con rapidez si no les interesa... Pues bien, se me ocurre que algo análogo sucede en nuestras clases. Los alumnos no se toman el tiempo necesario para entender nuestros mensajes orales o escritos, no leen los enunciados de nuestros problemas ni lo que dicen los textos. Actúan como ante su teléfono u ordenador. Creen que el profesor o el compañero es como la máquina que tiene entre sus manos que obedece de forma continua a sus impulsos. Esperan que todo fluya a su alrededor y no saben ajustar su ritmo al de la clase. Los profesores percibimos que los alumnos cada vez preguntan más y cada vez atienden menos a las instrucciones formales que les proponemos. Todo resulta cada vez más desorganizado. Su comunicación oral suele carecer de análisis y de argumentación. Su comportamiento tiende a ser más irreflexivo y su expresión más primaria. Como profesor es fácil percibir que los alumnos rechazan los textos largos. Los rechazan como rechazan este sistema educativo que les ha descargado de una parte importante de la responsabilidad sobre su propio aprendizaje para echarla sobre las espaldas de profesores y padres. En consecuencia, el problema de la competencia comunicativa es tal vez un problema de hábitos sociales más que de hábitos comunicativos, un problema de ritmo de trabajo y de esfuerzo personal, de manera que su solución no está sólo en la creación o en el cultivo de nuevos hábitos de expresión y de lectura. La solución, en efecto, está también en las medidas correctoras del comportamiento que sean capaces de romper con esta especie de autismo social que las redes sociales están multiplicando, medidas que pasan necesariamente por la promoción del papel director del profesor, que es el único que puede proponer unas reglas de juego y un ritmo común a la expresión oral y escrita de sus alumnos.

miércoles, 6 de febrero de 2013

La guerra de las palabras

Carlos Rodríguez Mayo
Entender que lo que ayer llamé novillos es una huelga, tal y como proclaman el sindicato de estudiantes y todos los medios de comunicación, es el punto de partida de la victoria de los convocantes y la derrota sin paliativos de los que nos oponemos a esta manipulación. El gobierno socialista que promulgó la ley que permite el procedimiento de inasistencia colectiva, se libró muy mucho de llamar huelga a esto. Pues bien, a pesar de ello, todos, incluído yo mismo, hablamos de la huelga de los alumnos, para entendernos.
La trampa de la palabra es enorme porque dota a los que siguen las convocatorias de un sentido reivindicativo, cargado de romanticismo, que resulta un acicate en una fase de la vida en la que los chicos quieren ser mayores. Contando con ello, en cuanto rozan un poco esta idea, los muchachos utilizan casi siempre este argumento político para justificarse, encubriendo al mismo tiempo otras intenciones que resultan mucho más eficaces, como son la de conseguir una menor dimensión de los temarios en el siguiente examen o la de disfrutar de unas vacaciones imprevistas. Ante la situación que se crea, yo les digo que hay que ser responsables y que ésto no es en sentido estricto una huelga (que es un derecho que los trabajadores ejercen mientras pierden su salario), que sería más apropiado llamarlo "vacaciones o novillos sindicales", que si esto fuese una huelga se confundiría a los cuerpos docentes con los cuerpos represivos o con la clase burguesa de los empresarios, propietarios de los medios de producción, y se olvidaría que, además de asalariados, los profesores somos una fuente imprescindible y muy costosa de conocimiento, que pagamos todos con nuestros impuestos. Les digo que no es lo mismo tener 200 días de clase que 150 y que no rellenar las aulas es dejar que sigamos cayendo hacia abajo en Pisa, lo mismo que los objetos que lanzaba Galileo para estudiar la gravedad.
Por eso, lo primero que habría que hacer para restablecer el equilibrio sería combatir a la palabra. Luchar contra el término huelga y buscar un sustituto razonable. Si no empezamos por ahí, mal andamos.

lunes, 4 de febrero de 2013

Nueva huelga de estudiantes

Carlos Rodríguez Mayo
El sindicato de estudiantes ataca de nuevo y no creo que este año sea la última vez que lo haga. Razones para revolverse, razones para la discrepancia siempre las hay, y más en tiempos difíciles como éstos, pero de eso a tener que aceptar la amenaza de este mínimo grupo de estudiantes universitarios que movilizan sin coste alguno a toda la enseñanza media dos o tres veces al año hay cierta distancia.
Se ha dicho ya de cien formas diferentes que la huelga es un derecho que asiste a los trabajadores, pero es una encomienda imposible explicar a los adolescentes que hacer huelga no es lo mismo que hacer novillos, que es lo que acaban haciendo en su inmensa mayor parte. La responsabilidad de su asistencia, además, no debiera de ser nunca suya, porque son menores de edad. Es por esto que yo pienso que la huelga en enseñanzas medias, si es en verdad necesaria,  no debiera de ser convocada por el Sindicato de Estudiantes y sí por las AMPA de los centros. Por otra parte me parece que el asunto se comenta y se discute de forma incorrecta. En el caso de que haya huelga, no creo que se deba discutir de si ésta triunfa o no (que siempre triunfa), y sí de si se puede impedir que se manipule a los jóvenes. Lo que yo quiero decir es que bajar la cabeza ante la media docena de sindicalistas universitarios que convocan estas "huelgas" es una gran irresponsabilidad por parte de los partidos que los mantienen, por parte de los partidos que lo toleran, por parte de los padres y profesores, que se lavan las manos, y por parte de los equipos directivos que no asumen su responsabilidad de evitar que lo que sucede se repita una y otra vez.
¿Han oído ustedes alguna valoración de lo que se pierde en dinero, en conocimiento y en prestigio institucional por estas huelgas para cuya convocatoria basta con una rueda de prensa? ¿Han oído ustedes alguna idea para intentar regular el asunto e impedir la manipulación de tantos miles de muchachos? Pues de eso, también, somos responsables. Los alumnos de nuestros institutos no organizan huelgas si no es por causas concretas y muy próximas, con nombres y apellidos. Ellos no son aún adultos. Prefieren, como sus profesores, no tener clase a tenerla, y utilizan la convocatoria de huelga para no asistir. Frente a ellos, el sistema con los profesores, los padres y los poderes políticos debería actuar responsablemente para que no se dilapide el esfuerzo y el dinero que a todos nos cuesta ésto. Sin embargo, el sistema no lo hace. Vemos pasar ante nosotros la misma historia cada año y seguimos sin decir nada. El sistema no denuncia, no sanciona. Se inhibe a pesar del enorme coste y a pesar de los abusos que ocasiona. El silencio ante algo que es tan claro me parece una actitud culpable. Mi consejo es sencillo de entender y creo que es muy democrático. Dejemos a los sindicalistas universitarios que movilicen a sus compañeros de estudios en sus facultades e impidamos los multitudinarios novillos de los niños y muchachos de nuestras enseñanzas medias.

miércoles, 30 de enero de 2013

La historia del ratón

David Loyo Pérez
Me pide mi compañero Carlos que escriba sobre un trágico suceso acaecido hace algunos días en el instituto y que se refiere a la muerte de un ratoncillo.
No me pregunten por su biografía. Poco es lo que puedo aportar. Quizá algo de sus últimos momentos. No sé qué día ni qué año, aunque presupongo que no hace mucho, ese ratoncillo, ese Mus musculus, se instaló en una de las dependencias del centro para pasar allí unas confortables vacaciones. Desconocía el pobre ratón, sin embargo, la trampa que se le había tendido. Quizá estaba escrito desde la eternidad en el destino de nuestro minúsculo roedor, para su desventura, que terminaría cayendo fatalmente en ella. Y así fue.
Todo sucedió entre las 8.20 y las 9.15 de la mañana. Cuando me lo dijeron, me presté a ver la escena, y descubrí para mi sorpresa que, aunque las puertas del Cielo de los Animales -que estoy seguro que existe- habían empezado a abrirse ante sus negros y minúsculos ojos. Quizá no era demasiado tarde y el umbral definitivo no había sido traspasado... “Tal vez”, pensé, “exista un tal vez”. Sin considerar las escasas posibilidades, lo despegué de la pegajosa trampa y acudí, tan raudo como pude, en busca de ayuda.
Detallo a continuación cómo fueron mis últimos momentos con él: “Saqué a Gonzalo de clase y metimos al ratoncillo en un recipiente con agua caliente que nos ofreció Begoña. Después, empecé a removerlo en el sentido de las agujas del reloj y en el contrario, asegurándome de que su cabecilla permaneciese siempre fuera. A continuación, pa' potenciar el efecto lavado, añadimos al agua un poco de jabón de baño que buenamente pude obtener en el excusado, mientras continuaba removiendo ahí bien el asunto para eliminar el pegamento. Con ello el ratón pareció conseguir cierta movilidad, aunque el futuro, aun iluminado ahora con una tenue luz, se mostraba todavía muy negro. Sin embargo, nada se pudo hacer, pues acaeció entonces uno de esos tristes giros del destino: el timbre sonó y me tuve que marchar a clase.
Los sucesos posteriores son confusos, pues, pese a que dejé tácitas recomendaciones en cuanto al procedimiento que consideraba más oportuno seguir, creo que mis consejos no fueron bien escuchados. El ratón pasó del caldarium al tepidarium, y de éste al frigidarium. Alguien lo envolvió en una servilleta al estilo “momia” y trajo unas hierbas que le puso por encima, sin tener yo todavía muy claro con qué finalidad.”
El lamentable resultado fue el fallecimiento del ratón, que fue inhumado en una fosa de la que ninguna lápida marca el lugar. Ahora este pobre roedor forma parte del humus del suelo.
Conviene, llegados a este punto, recordarlo: Pulvis es et in pulverum reverteris (Génesis 3, 19).
Insignificante suceso, pensarán muchos. Y tal vez lo sea. Pero, ¿a caso crees que tu destino será muy diferente? ¿Qué el porvenir te depara algo distinto? ¿Y si él fuese tú y tú fueses él? Entonces, ¿qué?

lunes, 28 de enero de 2013

Desalojo educativo

Carlos Rodríguez Mayo
Desconozco de quien es la responsabilidad de establecer el plan de desalojo del instituto ni lo que se evalúa realmente en el ensayo anual. Lo único que sé es que cada año se reproduce la historia. Un ejercicio improvisado que nos conduce al patio entre el cachondeo mordaz de los alumnos. 
Es verdad que la seguridad es importante, y que eso exige una cierta planificación y una práctica. El problema es que esa práctica debería de estar regida por la racionalidad de un plan, cuyas características intento ahora reconstruir en función del ejercicio de este año.
Estas son mis deducciones: El desalojo se ha basado en la conducción de todos los alumnos hacia las puertas de las dos alas más externas, hacia dos puertas que están casi siempre cerradas y que han de ser abiertas por los bedeles tan rápido como sea posible. Deduzco que la eliminación de la salida por el ala tercera, la de la biblioteca, se basa en intentar evitar la fuente mayor de riesgo, que es la de la caldera de la calefacción, lo cual me parece lógico; sin embargo no entiendo muy bien las razones por las que la puerta principal, que es la entrada y la salida natural del instituto, lo mismo que la puerta al "jardín de Europa", han sido marginadas del ejercicio. Me dicen que la razón de esto último es que la puerta principal se reserva a los bomberos, pero yo creo que es muy difícil que el desalojo y los bomberos lleguen a coincidir. A mi parecer estas puertas podrían abrirse antes que las otras dos, porque están más cerca de los bedeles, que son los que tienen las llaves, y porque hay un mando a distancia que no existe en las dos puertas del ejercicio de este año. Integrando las dos puertas del hall central no sólo se haría más improbable el fracaso, sino que además se podría acelerar la salida, en el caso de que se condujese a los alumnos del segundo piso hacia éstas.  
En otro orden de cosas, el desalojo plantea cada año un problema más complejo, el de su contradicción con el problema generado por el cierre de las puertas. El cierre de todas puertas supone transformar al centro en una verdadera ratonera ante un posible accidente interior y supone entender que el riesgo está fuera, dado que el instituto se cierra para protegerse del exterior. Con el desalojo, de pronto, todo cambia. Como por arte de magia, el riesgo deja de estar fuera y está ahora dentro. Los alumnos se dejan conducir muy divertidos. Hacen chistes sabedores de que es sólo un simulacro y de que nuestra actuación es contradictoria. 
Ante este estado de cosas en el que todos, alumnos y profesores, nos dejamos dirigir sin saber hacia dónde ni por qué, no estaría de más el que alguien hiciera públicos, también, los presupuestos lógicos en los que se basa el plan y que en ese acto hubiese espacio para poner en cuestión su racionalidad. De este modo, se podría explicar la importancia del ejercicio y pedir la colaboración de todos. Si, además, el simulacro se anunciase de antemano, se podría preparar mejor la estrategia, se podría priorizar, y la lógica aplicada transformaría el desalojo en lo que debería de ser en todo caso: Un acto educativo más.

domingo, 13 de enero de 2013

El jardín de Europa

Carlos Rodríguez Mayo
Con una elegancia y un respeto enorme, Raquel Soto Escandón pedía en el artículo que escribió aquí, en “De puertas adentro”, en diciembre del 2010, que el espacio del llamado “Jardín de Europa” se reintegrase al uso de los alumnos del centro. Han pasado más de dos años desde entonces, pero parece que hoy se abre alguna esperanza de que la lógica de aquella petición acabe por imponerse.
La lógica democrática se quebró en los últimos años de la dirección de Daniel, cuando éste se empeñó en ser el más adelantado experimentador de los proyectos del gobierno socialista (bilingüismo, PROA, Comenius, etc.). Él fue el que imaginó esa extraña plantación de árboles (entre los cuales, creanmé, hay un roble americano), que en conjunción con un pedrusco y una placa alusiva, se transformó en el Jardín de Europa. Su mano no tembló cuando, tras una rimbombante inauguración (que permitió realizar, de paso, un pequeño ágape) se decidió cerrar el espacio al uso de los chicos, interponiendo dos vallas y una puerta que lo segregaba.
Desde entonces, atendiendo a razones discutibles, como la de la protección del crecimiento de los árboles o como la de la falta de profesores que se encargasen del control de esa zona en los recreos, “el jardín” se ha mantenido cerrado. Lo cierto es que, salvo Raquel y salvo el anónimo autor de la protesta que ese mismo año documentó Laura Cagigas en este blog (veasé la fotografía del 20 de abril de 2011) y el comentario posterior de Kevin Holanda, nadie se había quejado en público de ello, pero con todo y con eso resultaba enormemente contradictorio que se asumiese como zona de recreo la de los accesos asfaltados hacia el aparcamiento, con todos los riesgos de seguridad que conlleva la inevitable circulación de automóviles, y se prohibiese la presencia de los alumnos en este otro territorio.
Ahora, otras razones de seguridad aconsejan habilitar más puertas para el desalojo del edificio. Tal vez porque una de las puertas a habilitar conduce a este “Jardín de Europa” o tal vez por la sensibilidad que todo buen director tiene ante las demandas justificadas de sus alumnos, la dirección parece pensar hoy en reutilizar este espacio.
A mi parecer esta sería una muy buena decisión. Con ello se corregiría uno de los últimos residuos del autoritarismo de Daniel y se evitaría, en caso de incendio, que situaciones traumáticas del estilo de la reciente del Madrid-Arena se pudieran producir en el IES Ría del Carmen. 

lunes, 7 de enero de 2013

Felicidades

Andrés Alonsótegui Cotero

sábado, 15 de diciembre de 2012

Dos errores de la ley Wert

Carlos Rodríguez Mayo
Leo con alarma el borrador de la ley Wert.
Lo que primero llama mi atención es que hay sólo una leve mención al problema fundamental de nuestra enseñanza, ese que yo no dejo de resaltar en estas páginas, el de la falta de un sistema disciplinario capaz de convencer a muchos alumnos de que es su obligación esforzarse. De esto no se suele escribir, aunque es un cotilleo recurrente, porque está muy instalada la falacia de que aprender es divertido, de lo que se deduce que, si los chicos no quieren aprender, es tan sólo un problema del profesor, que no tiene encanto, que no tiene interés, que no arrastra a sus alumnos hacia ese saber que tanto desean... Sin embargo los profesionales de la educación nos encontramos cada día con una proporción no despreciable de alumnos que no trae nunca el libro y el cuaderno, que no quiere hacer nada que no sea interrumpir la dinámica normal de cada clase. Eso merece alguna reflexión por parte del legislador que vaya más allá del valor probatorio de las observaciones disciplinarias realizadas por los profesores. Y es que la base del deterioro de nuestra enseñanza y del descenso comparativo en el saber de nuestro jóvenes está ahí, en la inexistencia de elementos de presión para incentivar el trabajo y para corregir los comportamientos negativos de nuestros alumnos. Aunque ya he hablado largo y tendido al respecto, me comprometo a tratar sobre ésto en próximos artículos.    
También llama mi atención el hecho de que se mantenga entre los cuatro Bachilleratos de dos años, (prometieron que el bachillerato iba a ser de tres años) uno de Ciencias Sociales que se puede cursar sin estudiar ninguna Ciencia Social en el primer curso. En la mayor parte de los tratados de Epistemología se entiende que son Ciencias Sociales la Geografía, la Historia, la Economía, etc., pues bien, ninguna de ellas es troncal, es decir obligatoria. Además, entre las no obligatorias aparecen Ciencias no Sociales en suficiente número como para poder pasar por este curso sin rozarse con las asignaturas que lo designan. En consecuencia es perfectamente posible, de acuerdo con el borrador, que se curse un 1º de bachillerato de "Ciencias Sociales" estudiando Lengua, Matemáticas, Filosofía, Lengua extranjera (obligatorias) y Literatura y Griego (optativas). ¿Encuentran alguna Ciencia Social en este Primero? Pues no, no hay ninguna...
En conclusión, según el borrador de la ley Wert, una buena manera (o al menos admisible) de saber Ciencias Sociales es no estudiar Ciencias Sociales... Sobran los comentarios...

viernes, 14 de diciembre de 2012

Los exámenes extraordinarios en Septiembre

Carlos Rodríguez Mayo
Después de casi año y medio de gobierno, el Consejero de Educación de Cantabria ha llegado a la conclusión de que es mejor poner los exámenes extraordinarios en septiembre, como siempre.
Los socialistas, haciendo gala de un desprecio olímpico por los efectos de sus decisiones, cambiaron estos exámenes al mes de Junio, provocando un enorme problema a los profesores y a los alumnos en la segunda semana de Junio. En los años de aplicación de este esperpéntico experimento que permitía aprobar en dos semanas las asignaturas que se habían suspendido en un proceso de evaluación continua durante todo el curso, los profesores se quejaron de la enorme contradicción que ello suponía. Pocos sacaron, sin embargo, la cuestión al patio público, ¿para qué buscarse problemas? Algunos aceptaron como bueno el argumento falaz de que todo se hacía en beneficio de los alumnos pobres que no podían pagarse una academia en los meses de verano, y el asunto siguió hasta hoy sin resolverse.
Siendo tan fácil de entender el grueso error que suponía el mantenimiento de los exámenes extraordinarios en Junio y el apoyo mayoritario que tendría devolverlos a septiembre, no se entiende la tardanza en decidir de un Consejero que no fue lento en conceder un concierto al Torrevelo. ¿A qué esperaba? ¿Por qué no lo hizo antes? ¿Por qué ahora, casi mediado el curso? No sabemos. Lo importante, sin embargo, es que por fin se termina con una de las más gruesas vergüenzas de nuestro sistema, porque ya no será necesario caer en contadicciones como la de que es obligatoria la asistencia a clase durante todo el calendario lectivo, aunque los que en Junio, después de la evaluación ordinaria, ya tengan tengan aprobadas todas las asignaturas... Ejem... Me da la tos...

lunes, 10 de diciembre de 2012

Religión y Alternativa

Carlos Rodríguez Mayo
Buscando mi propio camino entre las improvisaciones arbitrarias del director, como comentaba la semana pasada, y la complacencia con el sistema educativo que se deduce de la política de la izquierda actual, me topo de nuevo con la ley Wert y con la creación de una asignatura alternativa a la Religión.
La Religión fue y sigue siendo una asignatura extraña, porque los obispos tenían y tienen la capacidad de elegir su contenido y a sus profesores, que por lo tanto no son nunca funcionarios, y porque la fe es algo que no se aprende. Dice Wert que se debe ofrecer una asignatura optativa a la religión para cumplir los acuerdos con la Santa Sede. Con ello se intenta vender el Concordato como un acuerdo diplomático, de política exterior, cuando en realidad no es más que la manifestación política de la influencia de la Iglesia interior en el estado.
Entonces ustedes dirán, ¿para qué? ¿Por qué inventar algo que no existe? Discutir este asunto merece una explicación que, aunque es de sobra conocida, no conozco de ningún lugar en donde haya sido escrita y denunciada. Por eso, si me lo permiten, lo voy a hacer ahora.
Empecemos por decir que la izquierda, que se ufana de ser laica, ha mantenido durante décadas de gobierno la asignatura, jugando así con la diplomacia de los curas. Sin embargo, esta misma izquierda, intentando neutralizar la influencia de los nuevos profesores de religión, jóvenes, dinámicos y dispuestos a exigir poco y poner notas muy altas, inventó como respuesta los "Estudios dirigidos" en los que nadie estudiaba porque no eran evaluables, con los que se rellenaba el horario lectivo de los alumnos que no quisieran cursar la asignatura de la Conferencia Episcopal. El resultado fue un éxito. La mayor parte de los alumnos dejaron al Religión y se pasaron al Estudio Dirigido y en esas nos encontramos.
¿Qué resulta de esta historia? Pues resulta un gran fracaso. No seré yo el que defienda a la asignatura que está en el origen del problema, porque los saberes de la fe, según mi modesto parecer, deberían enseñarse libremente en las iglesias y no en los centros públicos. Sin embargo, tampoco seré yo quien defienda esa ridícula hora semanal perdida. En una enseñanza pública de calidad no se puede consentir que se instituya una hora en blanco, una hora que se pierde miserablemente, cuando tanto hay que enseñar y que aprender. Bienvenida sea, por lo tanto, la nueva asignatura. Supongo que se vinculará su existencia con la alternativa "Constitucional" a la vilipendiada "Ciudadanía" y que esto servirá para un rearme democrático de nuestros jóvenes o al menos para que no puedan decir, cuando crezcan, que perdieron el tiempo aquí con nuestra complacencia.  

Papel mojado

Carlos Rodríguez Mayo
Leo los textos que dedican los periódicos a la reforma de Wert y compruebo que el centro del debate se sitúa en el castellano y en la defensa de la Lengua Castellana en Cataluña. Estoy con los argumentos del Ministro, porque el castellano es nuestra lengua oficial, pero también es verdad que para eso no hacía falta promulgar una ley nueva. Hubiera bastado que el PP hubiese apoyado el recurso de inconstitucionalidad contra la ley catalana de Política Lingüistíca, cosa que no hizo en 1998, u obligar a la Generalitat a que  ejecute las sentencias del supremo y del TSJ de Cataluña al respecto. En un país serio, las sentencias se ejecutan de inmediato porque la ley así lo exige. En España, sin embargo, no se cumplen las leyes ni las sentencias, si al poder no le interesa.    

domingo, 2 de diciembre de 2012

A la espera de las actas de las elecciones al C.E.

Carlos Rodríguez Mayo
Cuando el pasado jueves le pedí los resultados de las votaciones de los distintos estamentos representados en el Consejo Escolar, el Señor Director se negó a entregarme las actas. Conociendo que mi objetivo era publicarlos en este blog, me dijo que no estaba convencido de que ésto fuera legal.  Yo le dije que comprendía que hubiera cosas que merecieran el secreto o la discreción pero que no creía que éste fuera el caso, que acababa de publicar los resultados de las elecciones del sector de los profesores, que él mismo había mandado colgar en el tablón de la sala y que lo hice convencido de que los datos eran públicos, primero porque nuestra constitución protege la libertad de expresión y segundo porque conozco que su límite es el derecho al honor de las personas, lo que en este caso no se encuentra en absoluto amenazado. Además, ante el argumento de que una cosa es internet y otra el tablón de anuncios, le dije que creía haber visto en más de una página web de instituto los nombres de los componentes de su Consejo Escolar, al igual que el de los miembros de los Claustros de profesores, de manera que no tenía sentido someter a restricciones el uso de los datos solicitados y menos en un blog como éste, con un número de entradas limitado y concentrado en el medio local.
Mi intención, en realidad, iba aún más allá de publicar los datos. Además pretendía realizar una valoración que resaltara la división interna de un Claustro, el nuestro, que cuenta con ella como uno de los rasgos de su dinámica normal en los últimos años. Pretendía contrastar los resultados de la candidata de los PAS (el 100% de los votos emitidos) con los del Claustro de profesores, en donde la votación máxima es de justo la mitad del censo electoral (27 de 55), y de poco más de la mitad de los votos emitidos (25 de 51) en todos los candidatos elegidos. Pero también quería decir que la oposición, uniformada de verde, no había presentado a ningún candidato esta vez (lo cual es también preocupante) y que, por eso, no estaba contento con los resultados.
Sin embargo, lo sucedido ha hecho que las ideas del párrafo anterior hayan perdido toda importancia para mi. La actitud del director y la inhibición de mis compañeros me deja tristemente en la estacada. Es por eso que ahora os demando respuestas... ¿Merece la pena contar qué es lo que pasa o es mejor dejar que el que manda diga todo lo que quiera en nuestro nombre? Quisiera saber si es un valor la transparencia, si se puede escribir lo que se piensa sin insultar, con moderación y responsabilidad y con el apoyo de nuestro nombre y apellidos, después de reflexionar en las implicaciones de lo que se dice, o si es mejor cotillear en algún bar o invadir internet de comentarios despreciativos y anónimos, ¿quisiera saber qué tipo de democracia queremos y qué estamos dispuestos a hacer para conseguirlo? ¿Merece la pena publicar aquí las actas con los resultados de las votaciones de las APAS, de los alumnos y los PAS?
Como ya se dijo en su primer artículo, los objetivos de este blog van más allá de enseñar a escribir a los alumnos. Con él se pretende prestar, además, un servicio importante a la democracia real del instituto. Si algo he aprendido en este tiempo es que la democracia se conquista o se pierde con lo que decidimos hacer todos los días. Contestadme, por favor, para ver si este edificio se mantiene.