miércoles, 28 de marzo de 2012

Reflexiones ante la Huelga General

Carlos Rodríguez Mayo
Mañana hay huelga. Una huelga general. Durante el día de hoy los huelguistas han realizado una labor discreta de apoyo y promoción de la huelga, luciendo camisetas verdes por los pasillos. Al acabar el claustro de profesores y el último Consejo Escolar se han planteado distintas mociones a favor de la huelga por sus partidarios, que han actuado en general con una moderación y un equilibrio del que hay que dar noticia. Felicito por ello a sus protagonistas, pero no comprendo la falta de debate. Y es que los profesores que no vamos a hacer huelga hemos actuado, me parece, de una forma algo extraña. En vez de discutir civilizadamente las razones, en vez de reflexionar en voz alta o escribir lo que uno piensa, hemos dejado pasar la ocasión, convencidos de que el debate era imposible. ¿Qué es lo que está pasando? Os diré lo que yo pienso:
Lo que pasa es que se enfrenta una fe, un convencimiento que resulta casi absoluto entre los partidarios de la huelga, contra la duda de sus contrarios. En efecto, por más que la racionalidad esté a mi modo de ver más del lado de estos últimos, porque el planteamiento de los sindicatos parte de la más absoluta ignorancia de esa ley cabal de la economía que dice que no se puede gastar más de lo que se ingresa, el partidario de la huelga está convencido de su razón histórica, forma un grupo y desarrolla lazos de fidelidad casi permanentes que convierten en enemigo al que discrepa y que da seguridad en la propia posición. Por el contrario, el planteamiento de los otros, al que se apunta la derecha y una izquierda moderada, es un comportamiento individual, con posiciones mucho más diversas en las que el factor común es el de reconocer que "estamos muy mal" que algo hay que hacer y que sólo tenemos este gobierno para hacerlo, porque lo hemos elegido en las urnas y porque el anterior, aparte de meternos en el hoyo, no sabía qué hacer con la crisis y cuando se puso a intentarlo, le echaron. El planteamiento es también el de que alguien tiene que cortar con el despilfarro y que el pasado derroche hay que pagarlo. Para eso el estado tiene que controlar sus cuentas, reduciendo el gasto y distribuyendo el coste con justicia. El problema es que nadie garantiza que eso se va a hacer, el problema es que parece que volvemos a pagar los mismos, que los que ya se han colocado se marchan de rositas, que queda mucho abuso que controlar, muchos sueldos que bajar, muchos defraudadores que meter en la cárcel, muchas facultades sin alumnos, muchas televisiones sin televidentes, muchos aeropuertos sin aviones, muchos senados y negociados autonómicos que duplican las funciones y multiplican el gasto y los papeles. El problema es que en nuestros centros educativos públicos partimos de una situación muy desequilibrada con algunos departamentos con muchos apoyos y otros sin ninguno, con profesores bilingües junto a no bilingües, con profesores que dan clase siempre a tres alumnos y profesores que trabajan siempre con treinta, con profesores de asignaturas marías o de asignaturas con peso, con cuerpos de profesores de cualificación muy diversa, con una carísima formación profesional y un bachillerato muy barato, con centros privados muy subvencionados y con centros públicos cada vez más desprestigiados. En consecuencia, habría que disponer los recortes de forma diferente, según las prioridades y según criterios justos que resultan de un conocimiento profundo de la realidad, porque no se solucionan los problemas perjudicando a todos por igual.
En consecuencia, yo no estoy con los huelguistas porque no se puede pedir a los profesores que dan clase a treinta alumnos que respalden a los que tienen sólo a tres, porque no estoy a favor del cuerpo único de enseñantes y si a favor de que se prime la cualificación, el mérito y la importancia de la labor profesional de cada cual. Creo en que hay que plantearse los problemas, explicarlos, debatirlos e intentar llegar a acuerdos por una vía diferente a la de nuestra representación sindical, sobre todo si ésta está más atenta a sus intereses políticos que a la defensa de los intereses de los trabajadores. El problema es que tampoco estoy con la dirección ni con la Consejería que parecen no tener ningún interés en lo que piensa y dice el profesorado, el problema es que tampoco el profesorado parece muy interesado en quejarse y en fijar por escrito lo que piensa. Como ejemplo de ello, los exámenes extraordinarios seguirán celebrándose este año, como los ocho precedentes, en junio, sin que nadie lo diga ahora, después de las casi unánimes quejas de todos los finales de curso. Para pedir que cosas como ésta no sigan sucediendo tenía que servir este blog, para eso deberían servir los periódicos y los partidos, y no sirven... Por alguna razón escondida, nos callamos y dejamos que otros nos muevan... Tenemos una triste democracia, pero también tenemos la culpa. 

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