jueves, 17 de febrero de 2011

Teresa

Carlos Rodríguez Mayo
Elogiar a un profesor no es costumbre entre los alumnos. Se entiende que eso es hacer la pelota. Sin embargo, hay actuaciones que por su generosidad merecen ser citadas. Elsa hablaba ayer de la Olimpiada de Química y se abstenía de decir quién era la que se brindaba a dar clases suplementarias a sus alumnos de segundo de bachillerato para prepararles para el examen. Pues bien, yo voy a decirlo. Ella es una profesora y es la misma que hacía esas prácticas de laboratorio que tanto le gustaban a Elena, la que ha escrito dos artículos en este blog, defendiendo la enseñanza de las ciencias y la participación de alumnos y profesores en la gestión del centro, la que fue mi pareja en la película que rodamos hace cuatro o cinco años para que sirviera de fondo a uno de los cuentos de Freire, la que trae chorizo de matanza al mercadillo, la que exhibe un sentido del humor envidiable en todo tiempo y lugar, la que dio clase a la ganadora de la Olimpiada de Química del año pasado, la que siempre va de frente y siempre me ha apoyado... Ella es Teresa, todo un lujo.

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